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Zugarramurdi: el pueblo de las brujas del Pirineo navarro

Vista del pueblo de Zugarramurdi con sus caseríos blancos rodeados de prados verdes del Pirineo navarro

Pocos pueblos de España cargan con una historia tan fascinante como Zugarramurdi. Este puñado de caseríos blancos del norte de Navarra, pegado a la frontera con Francia, pasó a la historia por el proceso inquisitorial de 1610, cuando decenas de vecinos fueron acusados de brujería y juzgados en Logroño. Hoy, entre prados de un verde imposible y cuevas monumentales, el pueblo ha convertido aquella memoria oscura en su mayor atractivo. Te proponemos una escapada con mucha magia y cero sustos.

Las cuevas del akelarre

La visita estrella son las cuevas de Zugarramurdi, un enorme túnel natural de más de cien metros excavado por la regata que los vecinos bautizaron como Infernuko erreka, el arroyo del infierno. No esperes estalactitas: aquí lo impresionante es la escala del pórtico de roca y la carga simbólica del lugar, escenario según la tradición de los akelarres que desataron la persecución. Un sendero circular recorre la cueva grande y las galerías superiores; se visita con luz natural, aunque un frontal led recargable resulta muy útil para fijarte en los rincones menos iluminados y para cualquier otra caminata que se alargue hasta el atardecer.

El Museo de las Brujas

En un antiguo hospital del pueblo, el Museo de las Brujas repasa con rigor y sensibilidad lo que de verdad ocurrió: la vida rural de la época, las creencias en torno a la medicina popular y cómo la maquinaria de la Inquisición convirtió rumores en condenas. Es la visita perfecta para poner contexto antes o después de las cuevas, y saldrás viendo el pueblo con otros ojos.

Senderos entre dos países

Zugarramurdi forma parte de la comarca de Xareta, un rincón verde a caballo entre Navarra y Lapurdi. Varios senderos señalizados y sin grandes desniveles conectan el pueblo con los vecinos Urdazubi/Urdax y su cueva de Ikaburu, y con las localidades francesas de Sara y Ainhoa, de caserío labortano impecable. Caminar de un país a otro entre helechos, ovejas y pottokas es uno de los grandes placeres de la zona. Eso sí, este es el Pirineo atlántico: el sirimiri aparece sin avisar y las mañanas son frescas incluso en verano, así que mete en la mochila un forro polar de senderismo y calzado con buen agarre para los tramos de hierba húmeda.

Mesa y fiesta

La gastronomía de la zona mira al caserío: cordero, alubias, hongos, cuajada y el famoso pastel vasco de los pueblos vecinos. La gran cita es el Día de las Brujas, a mediados de agosto, cuando se celebra el zikiro-jate: una comida popular multitudinaria dentro de la propia cueva, con corderos asados al aire libre en estacas, al estilo pastoril. Si quieres vivirlo, infórmate con antelación porque las plazas vuelan.

Consejos prácticos

  • Desde Pamplona se llega en poco más de una hora por la N-121-B; el último tramo es una carretera rural estrecha y preciosa.
  • Combina la visita con Urdax y con Sara, a apenas unos kilómetros, para un día redondo.
  • La primavera y el comienzo del otoño ofrecen el mejor equilibrio entre verde, temperatura y tranquilidad.

Zugarramurdi demuestra que la mejor manera de exorcizar una historia terrible es contarla bien. Ven con curiosidad, cruza el arroyo del infierno y déjate hechizar: de este akelarre se sale queriendo volver.

Foto: Gaël Chardon · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons