A menos de una hora de la ciudad de Valencia, el río Turia se encajona entre paredes de más de cien metros y regala uno de los paisajes más espectaculares del interior valenciano. Sobre ese cañón se asoma Chulilla, un pueblo blanco de la comarca de Los Serranos coronado por un castillo de origen árabe y famoso en media Europa por sus escuelas de escalada… y por una ruta que se ha convertido en peregrinación senderista: la de los puentes colgantes.
La ruta de los puentes colgantes
Es el gran motivo de la escapada. Un sendero circular de unos 5 kilómetros desciende desde el pueblo hasta el fondo del cañón, conocido como las Hoces del Turia, y lo recorre cruzando el río por dos pasarelas colgantes de madera y cable que se mecen suavemente bajo tus pies. Las paredes verticales, el agua verde y el vaivén de los puentes componen una de las rutas más fotogénicas de la Comunidad Valenciana, y sin embargo es asequible para casi cualquier persona acostumbrada a andar.
Algunos consejos para hacerla bien:
- Madruga o ve entre semana: es una ruta muy popular y los puentes se disfrutan más sin colas.
- El terreno es pedregoso y con algún tramo de desnivel: mejor con botas de senderismo o zapatillas de montaña que con calzado urbano.
- Apenas hay fuentes en el recorrido y en los meses cálidos el cañón se convierte en un horno a mediodía: una mochila de hidratación te permite beber sin parar cada dos por tres.
- Aunque parte del sendero va en sombra, los tramos altos están expuestos: aplícate crema solar de factor 50 antes de salir.
El Charco Azul, la otra ruta imprescindible
Si te quedas con ganas de más, desde el pueblo sale otro sendero corto hacia el Charco Azul, una poza de aguas color esmeralda encajada entre paredes de roca, con una pequeña playa fluvial conocida como La Playeta. Es un paseo sencillo, perfecto para completar la mañana o para hacer con niños.
El pueblo: castillo, calles blancas y escaladores
Chulilla merece algo más que ser el aparcamiento de la ruta. Su casco urbano, de calles estrechas y encaladas, trepa hasta el castillo, una fortaleza de origen andalusí desde cuyas murallas la vista del cañón del Turia quita el hipo. En la plaza y las callejas cercanas encontrarás bares y restaurantes donde mandan los platos serranos: gazpacho de monte, embutido de la comarca, arroces y ollas de puchero que saben a gloria después de andar. El ambiente lo ponen también los escaladores, que llegan de todo el continente atraídos por las más de mil vías equipadas en las paredes del cañón.
Cuándo ir y cómo llegar
- Primavera y otoño son las mejores épocas: temperatura ideal y el caudal del Turia en su punto.
- En verano, la ruta se hace mejor a primera hora; el Charco Azul, por la tarde.
- Desde Valencia se llega en menos de una hora por la CV-35 y la CV-394; hay aparcamientos señalizados a la entrada del pueblo.
Pocas escapadas dan tanto en un solo día: cañón, puentes colgantes, poza esmeralda, castillo y buena mesa. Junta a tu cuadrilla, madruga y deja que el Turia haga el resto: Chulilla engancha.
Foto: Marcela Escandell · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons