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Escapada a Betancuria, la primera capital de Fuerteventura

Panorámica de Betancuria, pueblo blanco entre montañas ocres y palmeras con la iglesia de Santa María, en Fuerteventura

En el corazón montañoso de Fuerteventura, lejos de las playas que han hecho famosa a la isla, se esconde un pueblo blanco que fue capital durante más de cuatro siglos. Betancuria, fundada a principios del siglo XV por el conquistador normando Jean de Béthencourt, es hoy uno de los pueblos más pequeños y más bellos de Canarias: un oasis de palmeras, historia y calma entre montañas de tonos ocres.

Un paseo por la vieja capital

El casco de Betancuria se recorre a pie en una mañana, y cada rincón cuenta algo. La joya es la iglesia de Santa María, a la que muchos llaman la catedral de Fuerteventura: un templo de fachada encalada y campanario de piedra que guarda en su interior artesonados, retablos y siglos de historia insular. A su alrededor se despliegan calles empedradas, casas blancas de carpintería oscura y patios llenos de flores que parecen detenidos en el tiempo.

Completa la visita con estas paradas:

  • Las ruinas del convento de San Buenaventura, a la entrada del pueblo, el primer convento franciscano de Canarias, hoy un esqueleto de piedra a cielo abierto de lo más fotogénico.
  • El museo arqueológico, para conocer a los mahos, los antiguos pobladores de la isla.
  • La Casa Santa María, una casona restaurada con museo etnográfico y jardines, perfecta para entender la vida tradicional majorera.

Miradores con vistas de otra época

La carretera que cruza el parque rural de Betancuria regala dos paradas imprescindibles. Al norte, el mirador de Morro Velosa domina un mar de montañas desnudas y valles cultivados desde uno de los balcones más espectaculares de la isla. Y en el alto de la carretera hacia el sur te esperan las estatuas gigantes de Guise y Ayose, los dos reyes aborígenes que gobernaban Fuerteventura antes de la conquista, vigilando su antiguo reino en bronce. En estos miradores el viento y el sol majoreros no dan tregua: lleva una gorra con protección solar bien ajustada si no quieres verla volar barranco abajo.

Queso majorero y sabores de la isla

Betancuria es un sitio estupendo para rendirse al producto estrella de la isla: el queso majorero, elaborado con leche de cabra y con denominación de origen, que encontrarás tierno, semicurado o curado con gofio o pimentón. Acompáñalo de cabrito, papas arrugadas con mojo y algún dulce de almendra en las terrazas del pueblo, muchas de ellas con vistas al palmeral. Comprar un buen trozo de queso para llevar es el recuerdo más sabroso que te puedes traer.

Consejos prácticos para la visita

  • Betancuria está a unos 30-40 minutos en coche de Puerto del Rosario y de Antigua, por carreteras de montaña con curvas y vistas espléndidas; ve sin prisa y para en los miradores.
  • El pueblo es muy pequeño y a mediodía concentra las visitas: a primera hora de la mañana o a media tarde lo tendrás casi para ti.
  • El sol de Fuerteventura es intenso todo el año y la sombra escasea entre pueblo y miradores; una crema solar de factor alto debería ir siempre en tu mochila de día, también en invierno.
  • Combina la visita con la vecina Vega de Río Palmas y su ermita, punto de la romería más querida de la isla, que se celebra hacia mediados de septiembre.

La isla que no te esperas

Quien cree que Fuerteventura es solo playa no ha estado en Betancuria. Este pueblo diminuto, que un día gobernó toda la isla, condensa seis siglos de historia entre montañas que parecen de otro planeta. Escápate una mañana desde la costa y descubre la Fuerteventura más auténtica: la que huele a queso de cabra, piedra vieja y palmeral.

Foto: Xosema · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons