Borneo, la tercera isla más grande del mundo, guarda una de las selvas tropicales más antiguas del planeta: millones de años de evolución que hoy se traducen en orangutanes, monos narigudos, elefantes pigmeos y flores gigantes. Te proponemos una escapada a la parte malasia de la isla, entre Sabah y Sarawak, para mirar a los ojos a nuestros parientes del bosque.
Orangutanes: Sepilok y Semenggoh
El gran motivo del viaje son ellos. En Sepilok, cerca de Sandakan (Sabah), un veterano centro de rehabilitación devuelve al bosque a orangutanes huérfanos o rescatados; en las plataformas de alimentación puedes verlos aparecer entre las copas, colgando de cuerdas y lianas, a pocos metros. En Semenggoh, junto a Kuching (Sarawak), los orangutanes ya viven en semilibertad y acuden solo si les apetece: cuando el bosque tiene fruta, quizá no baje ninguno, y esa incertidumbre es la mejor señal de que el proyecto funciona. Junto a Sepilok, el centro de conservación del oso malayo, el más pequeño del mundo, completa la visita.
El río Kinabatangan, un safari fluvial
El Kinabatangan es la gran autopista de la fauna de Sabah. Desde lodges sencillos a la orilla del río salen cruceros al amanecer y al atardecer en los que es habitual ver monos narigudos saltando entre árboles, macacos, cálaos rinoceronte, cocodrilos y, con suerte, elefantes pigmeos bañándose. Las caminatas nocturnas por la selva revelan otro mundo de ranas, insectos y serpientes dormidas. Aquí los mosquitos no perdonan: un buen repelente de mosquitos tropical es tan imprescindible como la cámara, y una funda impermeable para el móvil te salvará de los chaparrones repentinos en plena barca.
Parques nacionales para todos los ritmos
- Bako (Sarawak): a un salto de Kuching, combina acantilados, manglares y senderos donde los monos narigudos se dejan ver casi siempre.
- Monte Kinabalu (Sabah): con sus 4.095 metros, es el techo de Malasia; su ascensión de dos días, con noche en refugio, exige reserva previa y buenas piernas.
- Cuevas de Mulu (Sarawak): Patrimonio de la Humanidad, con cámaras colosales y el espectáculo vespertino de millones de murciélagos saliendo en espiral.
- Danum Valley (Sabah): selva primaria pura para quienes buscan la experiencia más salvaje.
En los senderos encontrarás sanguijuelas inofensivas pero pesadas: calcetines altos y pantalón largo ayudan. Para caminatas y noches en refugios o casas comunales, un saco sábana ligero es un gran aliado que apenas pesa en la mochila.
Cultura y sabores de la isla
Borneo también es cultura: en Sarawak puedes visitar longhouses, las casas comunales de los pueblos iban y bidayuh, y el museo de Kuching explica de maravilla la relación entre selva y comunidades. En los mercados y puestos callejeros prueba el laksa de Sarawak, los fideos kolo mee o la fruta tropical más olorosa del mundo, el durián, si te atreves.
Cuándo ir y cómo organizarlo
- Se puede visitar todo el año, aunque de marzo a octubre suele llover menos; el monzón descarga con más fuerza de noviembre a febrero, sobre todo en la costa.
- Kota Kinabalu y Kuching, bien conectadas por avión con Kuala Lumpur, son las puertas de entrada naturales de Sabah y Sarawak.
- Reserva con antelación las estancias en el Kinabatangan, Mulu y la subida al Kinabalu, con plazas limitadas.
- Elige siempre operadores y centros que respeten a los animales: verlos en libertad, aunque sea de lejos, vale infinitamente más.
Pocos viajes imponen tanto respeto como caminar bajo árboles que llevan siglos en pie mientras un orangután te observa desde las alturas. Borneo es la selva con mayúsculas: ven a conocerla mientras siga latiendo.