Escondido tras las curvas del cabo de Creus, en el Alt Empordà gerundense, Cadaqués fue durante siglos un pueblo de pescadores casi incomunicado por tierra. Ese aislamiento lo salvó: hoy sigue siendo un racimo de casas blancas volcadas sobre una bahía azul, el pueblo que sedujo a Dalí, Picasso o Duchamp y que muchos consideran el más bonito de la Costa Brava.
Perderse por el casco antiguo
El plan en Cadaqués es sencillo: callejear. Sube por las cuestas empedradas con rastell, el característico pavimento de losas de pizarra clavadas de canto, entre buganvillas y galerías de arte, hasta la iglesia de Santa Maria, que corona el pueblo. Dentro te espera una sorpresa: un retablo barroco dorado espectacular, poco esperable en un templo de pueblo marinero. Después baja al paseo, busca la estatua de Dalí mirando a la bahía y siéntate a ver los llaüts fondeados.
Portlligat y la casa de Dalí
A veinte minutos a pie por encima del pueblo se abre la pequeña cala de Portlligat, donde Salvador Dalí montó su casa-taller uniendo antiguas barracas de pescadores. Hoy es la Casa-Museo Salvador Dalí y se visita en grupos muy reducidos, así que conviene reservar con bastante antelación. Ver el taller con la luz de la bahía entrando por la ventana explica media obra del genio ampurdanés.
Calas y camino de ronda
Aquí no hay grandes arenales: las playas son de canto rodado y pizarra, con un agua transparente que corta la respiración. Es el sitio perfecto para el snorkel, y unos escarpines de playa se agradecen muchísimo para entrar al agua sin sufrir con las piedras. Algunas ideas:
- Es Poal y Port d'Alguer, las playitas urbanas entre barcas varadas.
- Cala Nans, siguiendo el camino de ronda hacia el sur hasta su pequeño faro.
- S'Arenella y Sa Conca, hacia Portlligat, más tranquilas.
El reflejo del sol en el mar y en las casas encaladas es potente casi todo el año, así que unas gafas de sol polarizadas no son capricho sino necesidad, sobre todo si sales a caminar por la costa.
El cabo de Creus, un paisaje de otro planeta
A pocos kilómetros, el Parque Natural del Cap de Creus guarda el punto más oriental de la península ibérica: rocas retorcidas por el viento, calas solitarias y un faro donde ver amanecer antes que nadie en España. Puedes llegar en coche o caminando desde Portlligat por senderos señalizados. Para organizar bien esta parte del viaje y descubrir calas menos conocidas, una guía de la Costa Brava actualizada te dará ideas que no salen en las listas de siempre.
Comer, dormir y cuándo venir
La cocina local es puro Mediterráneo: suquet de peix, anchoas de la vecina L'Escala, arroces marineros y erizos en invierno. En verano el pueblo se llena y aparcar es complicado (deja el coche en los aparcamientos de la entrada); en cambio, en primavera, otoño o incluso en los días luminosos de invierno, con la tramuntana barriendo el cielo, Cadaqués recupera su alma de pueblo. La carretera de acceso desde Roses, llena de curvas, es parte del ritual: cuando por fin aparece la bahía, entiendes a Dalí.
Cadaqués no es una escapada más: es un estado de ánimo. Ven una vez y estarás volviendo el resto de tu vida.
Foto: Anthiro 57 · CC BY-SA 3.0 es · Wikimedia Commons