Hay una esquina de Francia donde las casas son de colores con vigas de madera, los pueblos tienen nombres impronunciables y el vino blanco corre entre viñedos con castillos al fondo. Es Alsacia, una región de frontera que ha cambiado de país varias veces y que ha convertido esa mezcla en su mayor encanto.
Estrasburgo, la capital europea
Empieza por Estrasburgo, cuya Grande Île es Patrimonio de la Humanidad. Su catedral gótica de arenisca rosa, con una sola torre y un reloj astronómico prodigioso, dominó durante siglos el horizonte de Europa. Piérdete después por la Petite France, el antiguo barrio de curtidores, con canales, esclusas y casas de entramado reflejadas en el agua. Un paseo en barco por el Ill es la forma más relajada de entender la ciudad, sede además del Parlamento Europeo.
Colmar, la postal perfecta
Colmar parece diseñada para enamorar: la Petite Venise con sus canales floridos, la Maison des Têtes cubierta de máscaras esculpidas y el museo Unterlinden, que guarda el sobrecogedor retablo de Isenheim. Es una ciudad pequeña, para recorrer a pie sin plan, dejándose llevar por las fachadas de colores y las pastelerías. En Adviento, sus mercadillos navideños la convierten en un cuento; en verano, los geranios hacen el mismo efecto.
La ruta del vino de Alsacia
La Route des Vins serpentea durante más de 170 kilómetros al pie de los Vosgos, uniendo pueblos vinateros que compiten en belleza:
- Riquewihr: amurallado y casi intacto desde el siglo XVI.
- Eguisheim: calles concéntricas alrededor de un castillo, siempre en las listas de los pueblos más bonitos de Francia.
- Kaysersberg: con su puente fortificado y las ruinas del castillo sobre los viñedos.
- Ribeauvillé: bajo tres castillos en ruinas, perfecto para combinar vino y senderismo suave.
Aquí mandan los blancos: riesling, gewurztraminer, pinot gris y el espumoso crémant d'Alsace. Las bodegas familiares ofrecen catas sin ceremonia, y en muchas puedes comprar directamente al productor. Si vas a hacer varias visitas, organiza el itinerario con una guía de viaje de Alsacia para elegir bien entre tanto pueblo con encanto.
Qué comer: cocina de frontera
La gastronomía alsaciana es un abrazo entre Francia y Alemania. Prueba la choucroute con salchichas y carnes, la tarte flambée (flammekueche) crujiente con nata y cebolla, el baeckeoffe de carnes marinadas, los pretzels y el kougelhopf dulce. Todo casa de maravilla con un vaso de riesling en una winstub, las tabernas tradicionales de la región.
Cuándo ir y cómo moverse
Alsacia es bonita todo el año: en primavera y verano estallan los geranios, en septiembre y octubre la vendimia tiñe los viñedos de oro, y en diciembre los mercadillos navideños de Estrasburgo y Colmar son de los más famosos de Europa. Para la ruta del vino lo ideal es el coche, aunque también hay carriles bici magníficos entre viñedos. Si te animas a pedalear o a caminar entre pueblos, lleva agua o mejor un termo botella de acero inoxidable, y en otoño e invierno no te olvides de un chubasquero fino de viaje, porque los Vosgos atraen nubes con facilidad.
Consejos prácticos
- Vuela a Basilea-Mulhouse, Estrasburgo o Fráncfort; el TGV conecta París con Estrasburgo en poco más de hora y media.
- Reserva alojamiento con antelación en diciembre y en vendimia.
- Muchos comercios cierran a mediodía en los pueblos: adapta el ritmo local.
Alsacia se disfruta con todos los sentidos, copa en mano y sin prisa. Pocas rutas europeas concentran tanta belleza en tan pocos kilómetros.