Encajada entre montañas, en la confluencia del Mekong y el río Nam Khan, Luang Prabang es la ciudad más serena del Sudeste Asiático. Antigua capital real de Laos y Patrimonio de la Humanidad, mezcla templos dorados, casas coloniales francesas y un ritmo de vida que baja las pulsaciones desde el primer día.
El tak bat, la procesión de los monjes
Cada día, antes del amanecer, cientos de monjes con túnicas naranjas recorren descalzos las calles recogiendo las ofrendas de arroz de los vecinos. Es el tak bat, una ceremonia centenaria y uno de los espectáculos más emocionantes de Asia. Si quieres presenciarlo, hazlo con respeto: en silencio, a distancia, sin flash y vestido con recato. Y si participas ofreciendo arroz, que sea a través de una familia local y no de un puesto para turistas.
Templos dorados y la colina de Phousi
La península que forman los dos ríos concentra decenas de templos. El más bello es el Wat Xieng Thong, con sus tejados que casi tocan el suelo y su mosaico del árbol de la vida. Al caer la tarde, sube los escalones de la colina de Phousi para ver el atardecer sobre el Mekong: es el ritual diario de toda la ciudad. Abajo te espera el mercado nocturno, tranquilo y sin agobios, con textiles y artesanía de las aldeas de montaña.
Kuang Si, las cascadas turquesa
A una media hora de la ciudad, las cascadas de Kuang Si caen en terrazas de un azul lechoso que parece irreal. Se puede nadar en varias pozas rodeadas de selva, así que llévate el bañador y una toalla. Ve a primera hora para disfrutarlas con poca gente y sube por el sendero lateral hasta lo alto del salto principal. En el recinto hay también un centro de rescate de osos que merece la visita.
El Mekong, a golpe de barca
El gran río marca la vida de Luang Prabang. La excursión clásica es remontarlo en barca hasta las cuevas de Pak Ou, dos grutas frente al río repletas de miles de figuras de Buda depositadas durante siglos por los peregrinos. El trayecto, entre montañas y aldeas ribereñas, es tan bonito como el destino. Y para despedir el día, pocas cosas superan un zumo de fruta en una terraza sobre el río viendo pasar las barcazas.
Consejos prácticos
Luang Prabang se recorre a pie o en bicicleta, sin prisa: ese es su encanto. La mejor época va de los meses secos y frescos de finales de año a comienzos de la primavera; después aprieta el calor y llegan las lluvias. Junto a los ríos y al atardecer los mosquitos hacen su agosto, así que no salgas sin repelente de mosquitos. Los cortes de luz no son raros en Laos y los enchufes varían según el edificio: un adaptador de enchufe universal te evitará sustos. Lleva ropa que cubra hombros y rodillas para entrar en los templos y descálzate siempre antes de pasar.
Luang Prabang no se conquista: te conquista ella. Dale tres días y entenderás por qué tantos viajeros la señalan como su rincón favorito de Asia.