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Un fin de semana en Peñafiel, entre el castillo y las bodegas

El castillo de Peñafiel alargado sobre su cerro dominando la villa y el valle del Duero

Pocas estampas castellanas impresionan tanto como la de Peñafiel: un castillo blanco y alargado como un barco varado en lo alto de un cerro, vigilando el valle donde el Duratón se abraza con el Duero. A sus pies, una villa vallisoletana con siglos de historia, plazas únicas y un subsuelo agujereado de bodegas centenarias.

El castillo-barco y el cerro horadado

El castillo de Peñafiel, del siglo XV y levantado en piedra caliza clara, es uno de los más singulares de España por su planta estrechísima y alargada, adaptada a la cresta del cerro: más de 200 metros de eslora y apenas 20 de manga, con la gran torre del homenaje en el centro. Se visita por dentro y alberga además el Museo Provincial del Vino, que explica de forma muy amena la cultura vitivinícola de la provincia. Las vistas desde las murallas, con el valle del Duratón a un lado y el del Duero al otro, son sencillamente magníficas.

El propio cerro esconde otro secreto: está perforado por bodegas subterráneas excavadas desde hace siglos, cuyas chimeneas de ventilación, las luceras, asoman por las laderas como pequeños volcanes. Algunas se pueden visitar y en ellas entenderás por qué esta villa vive del vino desde tiempos medievales.

La plaza del Coso y el casco histórico

En el corazón del pueblo te espera la plaza del Coso, un espacio medieval único: un gran coso taurino de arena rodeado de casas con balconadas de madera que desde hace siglos hacen de palcos en los festejos. Es una de las plazas más singulares de Castilla y el mejor lugar para sentir el pulso de la villa.

Completa el paseo la iglesia de Santa María, el convento de San Pablo, con su espectacular cabecera mudéjar de ladrillo y la capilla funeraria del infante don Juan Manuel, autor de El conde Lucanor, que tuvo en Peñafiel una de sus villas predilectas, y la torre del Reloj. Todo queda a mano y se disfruta sin prisas en una mañana.

Sabores de la Ribera

Comer en Peñafiel es un acontecimiento: el lechazo asado en horno de leña es la estrella indiscutible, escoltado por morcillas, quesos de oveja y, por supuesto, los tintos de la Ribera del Duero, que aquí tienen una de sus capitales históricas. Muchas bodegas del entorno ofrecen visitas y catas; si quieres profundizar en la comarca vinatera, en el portal ya te contamos con calma la Ruta del Vino de la Ribera del Duero.

Un plan redondo junto al río

Las choperas del Duratón y del Duero regalan paseos llanos y sombreados perfectos para bajar la comida. Un plan que funciona de maravilla en pareja es comprar pan, queso y algo de embutido en la villa y montar una merienda a la orilla del río; una esterilla de picnic impermeable ocupa poco en el maletero y convierte cualquier chopera en comedor con vistas. Y si te gusta ir a tiro hecho, una guía de vinos de la Ribera del Duero ayuda a elegir botellas y bodegas con criterio.

Cómo llegar y cuándo ir

  • En coche: por la N-122, a unos 55 kilómetros de Valladolid y poco más de dos horas desde Madrid.
  • Cuándo ir: la vendimia, a comienzos de otoño, llena la comarca de actividad y color; en agosto las fiestas patronales toman la plaza del Coso.
  • Cuánto tiempo: un fin de semana da para castillo, casco histórico, bodega y un paseo fluvial sin mirar el reloj.

Historia, vino y una de las siluetas más bellas de Castilla: Peñafiel lo pone muy fácil. Solo tienes que dejarte caer por el valle del Duero.

Foto: santiago lopez-pastor from España · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons