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Un fin de semana en Daroca, la ciudad de las cien torres

Vista de Daroca con sus murallas y torreones medievales recorriendo los cerros que rodean el caserío

Encajada en la hoz del río Jiloca, entre dos cerros coronados de torreones, Daroca es una de las grandes sorpresas monumentales de Aragón. Sus murallas medievales, con unos cuatro kilómetros de perímetro y más de un centenar de torres, abrazan un caserío que fue plaza fuerte, cruce de caminos y escenario de milagros. Y todo, a poco más de una hora de Zaragoza.

Las murallas y sus puertas

La visita empieza, casi obligatoriamente, en la Puerta Baja, flanqueada por dos torreones macizos con el escudo de Carlos I, y sigue calle Mayor arriba hasta la Puerta Alta: entre ambas discurre el eje de la vida darocense desde hace siglos. Luego toca ganarse las vistas: los senderos que suben a los castillos y torreones de los cerros regalan la estampa completa de la ciudad amurallada encajada en su vaguada. Al atardecer la luz es preciosa, y si apuras hasta la noche para ver la muralla iluminada, un frontal led te facilitará el descenso por los caminos de tierra.

La basílica de los Corporales

En pleno centro se alza la colegiata basílica de Santa María de los Corporales, que custodia la reliquia que hizo célebre a Daroca en toda la cristiandad: los Sagrados Corporales, unos lienzos vinculados a un milagro eucarístico del siglo XIII, en tiempos de la conquista de Valencia. El templo, que mezcla románico, gótico y renacimiento, guarda una capilla espléndida dedicada a la reliquia y un pequeño museo parroquial. Completa el paseo con las iglesias románico-mudéjares de San Miguel y San Juan, sobrias y hermosas.

La Mina: una obra de ingeniería del siglo XVI

Daroca tiene un monumento único en su género: la Mina, un túnel de unos 600 metros excavado en el siglo XVI bajo la dirección del maestro francés Pierres Bedel para desviar las aguas de tormenta que periódicamente arrasaban la calle Mayor. Verla es entender el ingenio de una época: media montaña perforada a pico para salvar una ciudad. Pregunta en la oficina de turismo por las visitas al conjunto monumental, que suelen combinarla con murallas y basílica.

Las grullas de Gallocanta, a media hora

Si viajas entre otoño y finales del invierno, tienes a unos veinte kilómetros un espectáculo natural de primer orden: la laguna de Gallocanta, la mayor laguna salada del interior peninsular, escala de decenas de miles de grullas en sus migraciones. Los amaneceres y atardeceres, con las bandadas cruzando el cielo entre trompeteos, son de piel de gallina. Es una excursión perfecta para hacer con niños: prepara una mochila de montaña con merienda y ropa de abrigo, porque en la paramera el viento corta de verdad.

Sabores y consejos prácticos

  • En la mesa mandan el ternasco asado, las migas y los dulces tradicionales; la comarca produce además vinos y un azafrán muy apreciado en el Jiloca.
  • Cada verano la ciudad acoge un prestigioso festival de música antigua que llena de conciertos sus iglesias; si coincides, la experiencia es única.
  • Daroca está junto a la autovía Mudéjar (A-23), a un paso entre Zaragoza y Teruel: no hay excusa para pasar de largo.
  • Calzado cómodo: las subidas a las murallas tienen pendiente y piso irregular.

Murallas para explorar, un milagro con basílica propia, un túnel del siglo XVI y grullas a media hora: pocos destinos dan tanto juego para un fin de semana en familia. Daroca te espera detrás de la Puerta Baja.

Foto: Alvaro Marques Hijazo · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons