En la Alta Ribagorça, en el Pirineo de Lleida, hay un valle donde hace novecientos años se levantó el conjunto de románico más extraordinario de Europa. Taüll, a más de 1.500 metros de altitud, es su capital sentimental: un pueblo de piedra y pizarra presidido por el campanario más famoso de Cataluña, el de Sant Climent de Taüll, ante el que es imposible no quedarse en silencio.
Sant Climent y Santa Maria, dos joyas universales
La iglesia de Sant Climent, consagrada a principios del siglo XII, es el icono del valle: tres naves de piedra dorada y un esbelto campanario de seis pisos que se recorta contra las cumbres. En su ábside se pintó el celebérrimo Pantocrátor de Taüll, obra cumbre del románico europeo; el original se conserva en el MNAC de Barcelona, pero en la propia iglesia un impresionante vídeo mapping lo devuelve a su lugar y permite imaginar el templo con todo su color medieval. En el centro del pueblo, la iglesia de Santa Maria, con su campanario asomando entre los tejados, completa la pareja. Ambas forman parte del conjunto de nueve iglesias románicas del valle de Boí declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO.
La ruta del románico por el valle
La escapada perfecta encadena varios templos del valle, gestionados desde el centro del románico de Erill la Vall:
- Sant Joan de Boí, con sus pinturas de juglares reproducidas in situ.
- Santa Eulàlia d'Erill la Vall, con un campanario gemelo al de Taüll y un célebre grupo escultórico del Descendimiento.
- La Nativitat de Durro y las iglesias de Barruera, Cardet o Coll, más recogidas.
Entre iglesia e iglesia, los pueblos del valle conservan calles empedradas, bordas de piedra y ese aire de alta montaña que huele a leña. Aquí cada rincón pide foto: una cámara de fotos con un objetivo luminoso te permitirá sacar partido a los interiores en penumbra y a los campanarios al atardecer.
Aigüestortes, la alta montaña a las puertas
Taüll es también puerta del único parque nacional de Cataluña: Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. Desde la vecina Boí, los taxis 4x4 del valle suben al planell d'Aigüestortes, donde el río Sant Nicolau serpentea entre prados y pinos negros; de allí parten caminos a lagos como el Estany Llong. Es imprescindible un calzado de senderismo con buen agarre, porque los senderos alternan pasarelas, roca y barro, y en la mochila no está de más una toalla de microfibra por si el día invita a refrescarse los pies en algún arroyo (dentro del parque, siempre respetando las normas). En invierno, la cercana estación de Boí Taüll, la de mayor cota del Pirineo catalán, cambia botas por esquís.
Tradición viva y buena mesa
El valle guarda una de las fiestas más antiguas del Pirineo: las falles, bajadas nocturnas de teas encendidas desde la montaña que iluminan los pueblos a comienzos del verano y que la UNESCO reconoce como patrimonio inmaterial. En la mesa mandan la cocina de montaña —girella, embutidos, guisos de caza, quesos— y, para el cuerpo, las aguas termales del balneario de Caldes de Boí, a un paso.
Cómo llegar y cuándo ir
- En coche: por la N-230 hasta El Pont de Suert y la L-500 hacia el valle de Boí; unas tres horas desde Barcelona o Zaragoza.
- Mejor época: de junio a octubre para combinar románico y senderismo; el otoño pinta el valle de cobre y el invierno es para esquiadores.
Taüll junta lo que casi nunca va junto: arte universal y naturaleza mayúscula a diez minutos. Ven un par de días y te volverás con el Pantocrátor grabado en la memoria.
Foto: Ainhoa from Catalunya · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons