Hay islas que caben en un mapa pequeño y esconden un mundo entero. Taiwán mide poco más que Extremadura y Andalucía juntas, pero reúne rascacielos de vértigo, templos entre incienso, montañas de más de 3.000 metros y una de las gastronomías callejeras más adictivas de Asia. Y ahora, con el calor y los tifones ya en retirada, es cuando mejor se disfruta.
Taipéi, la capital que no duerme (ni huele a turistas)
La capital taiwanesa se recorre fácil: metro impecable, gente amabilísima y barrios con personalidad propia. Empieza por el templo de Longshan, donde verás a abuelas lanzando bloques de madera roja al suelo para consultar su suerte, y sigue por las callejuelas de Dadaocheng, el viejo barrio comercial del té y las hierbas medicinales.
Por la tarde, sube al mirador del Taipéi 101 o, mejor aún, camina los veinte minutos de escalones de la Montaña del Elefante para ver cómo el rascacielos se enciende al atardecer. Y por la noche, mercado: Raohe para las empanadillas de cerdo a la pimienta, Ningxia para probar sin agobios, Shilin si buscas el ambiente más bullicioso.
Reserva una tarde para Beitou, el barrio termal al norte de la ciudad, con baños públicos de aguas sulfurosas, y otra para Jiufen, el pueblo de callejones y farolillos colgado sobre el mar que inspiró buena parte del imaginario visual de ciertas películas de animación japonesas.
Taroko: mármol, puentes colgantes y paredes verticales
Desde Taipéi, un tren por la costa este te deja en Hualien, puerta de entrada al Parque Nacional de Taroko. Aquí el río Liwu ha excavado durante milenios un desfiladero de mármol gris y blanco por el que la carretera avanza entre túneles imposibles. Es naturaleza en estado puro: macacos, mariposas y una humedad que lo cubre todo de verde.
Ten en cuenta que los tifones y los desprendimientos obligan a cerrar senderos con frecuencia, así que conviene comprobar el estado de los accesos en el centro de visitantes antes de planificar el día. Lleva calzado con buen agarre (unas zapatillas de trekking ligeras te sobran para los tramos abiertos) y un chubasquero impermeable ligero: en la costa este llueve de repente y luego sale el sol como si nada.
El corazón de la isla: lago del Sol y la Luna y Alishan
El interior montañoso es la Taiwán más serena. El lago del Sol y la Luna, en el condado de Nantou, se rodea en bicicleta por un carril junto al agua, con paradas en templos, embarcaderos y casas de té donde se sirve el famoso té negro cultivado en estas laderas.
Más al sur, el área recreativa de Alishan se alcanza en autobús de montaña (y en parte en su histórico tren forestal de vía estrecha). Madrugar aquí tiene premio: el mar de nubes al amanecer sobre los cedros centenarios es una de esas imágenes que justifican un viaje entero. Abriga más de lo que piensas, porque a 2.200 metros la temperatura cae en picado.
Qué comer en Taiwán sin equivocarse
- Niu rou mian: sopa de fideos con ternera estofada, el plato nacional oficioso.
- Xiao long bao: empanadillas al vapor con caldo dentro. Se comen de un bocado, con cuidado.
- Tortilla de ostras: textura gelatinosa y salsa dulzona, clásico de mercado nocturno.
- Tofu apestoso: huele fatal, sabe mucho mejor de lo que temes. Atrévete al menos una vez.
- Bubble tea: aquí nació, y aquí se bebe a cualquier hora.
- Pasteles de piña: el souvenir comestible perfecto para traer a casa.
Si viajas con poco espacio, un bolsa de viaje plegable te salvará a la vuelta: entre tés, galletas y cerámica, casi nadie regresa de Taiwán con la maleta igual de llena que a la ida.
Cómo moverse y consejos prácticos
- Transporte: el tren de alta velocidad recorre la costa oeste (Taipéi–Kaohsiung en unas dos horas) y la red convencional cubre el este. Hazte con una tarjeta EasyCard: vale para metro, autobuses urbanos y tiendas de conveniencia.
- Enchufes: 110 V y clavijas planas tipo americano, así que necesitarás un adaptador de enchufe de viaje universal antes de salir de casa.
- Cuándo ir: otoño y primavera son las mejores épocas, con temperaturas suaves y menos riesgo de tifones que en verano. En noviembre, el norte puede estar fresco y lluvioso mientras el sur sigue casi veraniego.
- Itinerario tipo: 3 días en Taipéi y alrededores, 2 en Hualien y Taroko, 2 en el lago del Sol y la Luna y Alishan, 2 en Tainan (la antigua capital, llena de templos y buena comida) y uno de margen.
- Dinero: se usa el dólar taiwanés y, aunque la tarjeta funciona en hoteles y grandes tiendas, en los mercados nocturnos manda el efectivo.
Taiwán no suele encabezar las listas de viajes soñados, y precisamente por eso sorprende tanto: es segura, barata para lo que ofrece, fácil de recorrer y enormemente hospitalaria. Si buscas un primer gran viaje por Asia sin agobios, o un regreso al continente por la puerta menos transitada, esta isla te está esperando.