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Oaxaca: mezcal, mole y pueblos con alma en el sur de México

Calle colonial de Oaxaca con casas de colores y la iglesia de Santo Domingo al fondo

Hay destinos que se visitan y destinos que se mastican. Oaxaca pertenece al segundo grupo: aquí el viaje se mide en mercados, en humo de comal y en copitas de mezcal que se beben a sorbos pequeños. Te proponemos una escapada al sur de México donde el arte popular, la cocina y las ruinas zapotecas conviven en un radio de pocos kilómetros.

Oaxaca de Juárez, la ciudad que se recorre a pie

La capital del estado es un damero colonial de casas bajas pintadas de ocre, verde pistacho y añil, con el Templo de Santo Domingo de Guzmán como gran golpe de efecto: su interior barroco, cubierto de yeso dorado, deja sin palabras incluso a quien ya ha visto media Europa. Al lado, el museo instalado en el antiguo convento guarda las joyas halladas en la Tumba 7 de Monte Albán, una de las colecciones de orfebrería prehispánica más impresionantes del continente.

El resto es callejear sin prisa: el Zócalo con sus laureles y sus marimbas, el andador turístico de Macedonio Alcalá, los patios convertidos en galerías de arte y el Jardín Etnobotánico, donde entenderás por qué el agave es casi una religión local. Al caer la tarde, los tejados-terraza se llenan para ver cómo se encienden las cúpulas.

Comer en Oaxaca: el verdadero motivo del viaje

Oaxaca presume de siete moles, y no es exageración. El mole negro, hecho con chiles chilhuacle, chocolate y una lista interminable de ingredientes, es el más famoso, pero no te vayas sin probar el coloradito y el amarillo. Otros imprescindibles:

  • Tlayudas: una tortilla grande y crujiente con asiento, frijol, quesillo y tasajo. Mejor a la brasa y de noche.
  • Quesillo: el queso en hebra de Etla, que se deshilacha con los dedos.
  • Chapulines: saltamontes fritos con limón y chile. Suenan peor de lo que saben.
  • Tejate: bebida fría de maíz y cacao con espuma, herencia prehispánica pura.
  • Mezcal: espadín, tobalá, tepeztate… cada agave tiene su carácter. Se bebe despacio, nunca de golpe.

Los mercados son el mejor plan gastronómico y el más barato: el Benito Juárez para especias y chocolate, el 20 de Noviembre para el célebre pasillo de los humos donde eliges la carne y te la asan al momento. Si quieres llevarte a casa chiles secos, chocolate de metate o una botella de mezcal, una mochila de viaje de 40 litros con compartimento acolchado te salvará de más de un disgusto en la vuelta.

Monte Albán, Mitla y Hierve el Agua

A apenas media hora de la ciudad, Monte Albán corona una montaña achatada con una explanada ceremonial zapoteca que domina tres valles. Ve a primera hora: el sol pega fuerte y la sombra escasea. Más al este, Mitla sorprende con sus grecas geométricas talladas en piedra, un mosaico sin mortero que parece tejido más que construido.

La guinda es Hierve el Agua, unas cascadas petrificadas de carbonato cálcico con pozas naturales asomadas al vacío. El camino es revirado y conviene calzado con agarre: unas zapatillas de trekking ligeras y una buena crema solar facial factor 50 son el equipo mínimo, porque a esta altitud el sol engaña.

Los pueblos de los artesanos

Los Valles Centrales están salpicados de aldeas especializadas en un oficio, y visitarlas es la mejor manera de comprar bien y con conciencia:

  1. Teotitlán del Valle: tapetes de lana teñidos con grana cochinilla, añil y musgo.
  2. San Bartolo Coyotepec: el barro negro bruñido, brillante como el azabache.
  3. San Martín Tilcajete: alebrijes, figuras de madera de copal pintadas con una paciencia infinita.
  4. Santa María del Tule: aquí el protagonista es un ahuehuete milenario de tronco descomunal.

Cuándo ir y consejos prácticos

Estos meses de otoño son de los mejores del año: ha terminado la temporada de lluvias, los valles siguen verdes y los días son soleados con noches frescas. Oaxaca está a unos 1.550 metros, así que lleva una capa de abrigo para la tarde. Es época de celebraciones de difuntos, con altares, flores de cempasúchil y cementerios iluminados; si coincides, acércate con respeto: es una fiesta familiar, no un espectáculo.

  • Se llega en avión desde Ciudad de México en poco más de una hora, o en autobús por carretera de peaje.
  • La ciudad se recorre andando; para los valles, contrata un transporte compartido o alquila coche.
  • Lleva efectivo en pesos para mercados y pueblos pequeños.
  • Una guía de viaje de México te ayudará a ordenar las visitas, porque la oferta de los Valles Centrales desborda.

Oaxaca no se visita con prisa: se come, se escucha y se vuelve. Si buscas un México con alma, artesanía y una de las mejores cocinas del planeta, ya tienes destino para tu próxima escapada.