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Sóller, la joya del valle de los naranjos de Mallorca

Vista panorámica de Sóller con la torre de la iglesia de Sant Bartomeu entre naranjos y las montañas de la Serra de Tramuntana al fondo

Escondido entre las cumbres de la Serra de Tramuntana, Patrimonio Mundial de la Unesco, Sóller es un valle entero perfumado de azahar. Este pueblo del noroeste de Mallorca vivió durante siglos casi aislado del resto de la isla, mirando al mar y a sus naranjos, y esa historia se nota en cada rincón: casonas de indianos, fachadas modernistas y un tren centenario que sigue siendo la forma más bonita de llegar.

El tren de madera de Sóller, un viaje en el tiempo

Si solo pudieras hacer una cosa, que sea esta: subirte en Palma al tren de Sóller, en marcha desde 1912, con sus vagones de madera barnizada y sus ventanas abiertas al paisaje. El trayecto cruza la sierra entre túneles, huertos y barrancos, y en poco más de una hora te deja en plena plaza del pueblo. Ya en Sóller, un tranvía igual de vintage baja entre naranjos hasta el puerto. No es el transporte más rápido ni el más barato, pero es una experiencia que justifica por sí sola la escapada.

Qué ver en el centro: modernismo entre montañas

La vida de Sóller gira en torno a la plaza de la Constitució, presidida por la iglesia de Sant Bartomeu, cuya sorprendente fachada modernista firmó Joan Rubió, discípulo de Gaudí. Justo al lado, el antiguo edificio del Banco de Sóller repite el mismo lenguaje de piedra y hierro forjado. No te vayas sin estos imprescindibles:

  • Can Prunera, una casa modernista convertida en museo, con interiores de época y obra de grandes nombres del arte.
  • Las calles de Sa Lluna y aledañas, llenas de comercios locales donde caen tentaciones como el aceite de la sierra o los productos de naranja.
  • El mercado municipal, perfecto para entender por qué aquí la huerta es una religión.

Para patear el valle con calma conviene ir ligero: una mochila de día con agua y algo de fruta es todo lo que necesitas para moverte entre el pueblo, los huertos y los miradores.

El Port de Sóller: faro, bahía y atardeceres

El tranvía muere junto a la bahía casi circular del Port de Sóller, uno de los pocos puertos naturales de esta costa abrupta. Aquí el plan es sencillo: paseo por el frente marítimo, baño en la playa d'en Repic y caminata suave hasta el faro de Cap Gros, desde donde la puesta de sol sobre la bahía es de las que se recuerdan. En verano el sol aprieta de lo lindo en el paseo, así que un sombrero plegable en el equipaje se agradece más de lo que parece.

Dónde comer: naranjas y gamba roja

La despensa de Sóller tiene dos estrellas. La primera, sus naranjas y limones, que aparecen en zumos recién exprimidos, helados artesanos y hasta en dulces y mermeladas. La segunda, la gamba roja de Sóller, que los pescadores del puerto desembarcan y que en los restaurantes de la zona se sirve apenas pasada por la plancha. Completa el festín con una coca de verduras o un buen arroz marinero mirando la bahía.

Cuándo ir y cómo llegar

La primavera es pura magia: los naranjos en flor llenan el valle de olor a azahar y las temperaturas son perfectas para caminar. En mayo el pueblo revive con el Firó, la popular fiesta de moros y cristianos que recuerda el desembarco corsario de 1561. El otoño, con la sierra verde y menos gente, es otra gran opción.

Además del tren histórico, puedes llegar en coche desde Palma en una media hora por el túnel de Sóller, o por la antigua carretera del Coll, un festival de curvas y vistas. Si te apetece explorar más a fondo la Tramuntana —el barranco de Biniaraix o el vecino Fornalutx quedan a un paso—, una guía de Mallorca te ayudará a hilar rutas y miradores sin perderte nada.

Sóller huele a azahar, sabe a naranja y suena a tranvía antiguo. Súbete al tren de madera y compruébalo: hay pocas escapadas en España con tanta personalidad en tan pocos kilómetros.

Foto: rene boulay · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons