Hay pocos lugares en España donde viajar al medievo sea tan fácil: basta cruzar la Puerta de la Villa, único acceso a Pedraza, para que el asfalto, los cables y las prisas se queden fuera. Esta villa amurallada segoviana, encaramada a un cerro entre los valles de los ríos Cega y Vadillo, es Conjunto Monumental desde hace décadas y uno de los pueblos más cuidados de Castilla.
Una plaza para quedarse a vivir
Todo en Pedraza conduce a su Plaza Mayor, de una armonía que quita el hipo: soportales sobre columnas de piedra, balconadas de madera, casas blasonadas y la torre de la iglesia de San Juan asomando por encima de los tejados. Siéntate en una terraza, pide un vermú y dedica un buen rato a no hacer nada, que aquí es todo un arte. Después piérdete por la calle Mayor y la calle Real, busca la Cárcel de la Villa —visitable, con sus mazmorras y cepos— y llega hasta el castillo.
El castillo y la huella de Zuloaga
El castillo de Pedraza, del siglo XIII y reformado en el XV, guarda una historia curiosa: fue prisión de los hijos del rey francés Francisco I tras la batalla de Pavía. A principios del siglo XX lo compró el pintor Ignacio Zuloaga, que lo convirtió en estudio; hoy sus descendientes mantienen un pequeño museo con obras del artista. Las vistas del valle desde su explanada, sobre todo al atardecer, son de las que se quedan en la memoria.
Los Conciertos de las Velas
Si Pedraza es mágica cualquier noche, en las primeras semanas de julio roza lo irreal: durante los Conciertos de las Velas, el pueblo apaga la luz eléctrica y se ilumina solo con miles y miles de velas, mientras suena música clásica en sus rincones. Es uno de los espectáculos más románticos de España y las entradas y alojamientos vuelan, así que planifica con mucha antelación si quieres vivirlo en pareja.
Dónde comer: la cátedra del asado
Pedraza es parada mayor de la gastronomía castellana. Sus mesones, muchos en casonas centenarias, han hecho del cordero lechal asado en horno de leña una religión; el cochinillo y los judiones también juegan en casa. Reserva mesa siempre, especialmente los fines de semana, y remata con ponche segoviano. Después, el paseo por la muralla al fresco es el mejor digestivo.
Consejos para la escapada
Pedraza está a unos 37 kilómetros de Segovia y a hora y media de Madrid; el coche se deja en los aparcamientos exteriores, porque el recinto amurallado es prácticamente peatonal. La escapada redonda combina la villa con la cercana Sepúlveda y las Hoces del Duratón, o con la propia Segovia: una guía de viaje de Castilla y León te ayudará a hilvanar la ruta y a descubrir ermitas y miradores que no salen en las listas de siempre. Y un apunte de meseta: aquí las noches son frescas hasta en verano y los amaneceres, gélidos en invierno; madrugar para ver salir el sol sobre la muralla con un termo de café humeante entre las manos es un plan sencillo que sabe a lujo.
Cruza la Puerta de la Villa sin mirar atrás: Pedraza tiene siglos de práctica en el arte de enamorar a sus visitantes, y contigo no va a hacer una excepción.
Foto: Windwhistler · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons