Hay paisajes que parecen de otro planeta y luego está el salar de Uyuni, que directamente parece de otro universo. Más de 10.000 kilómetros cuadrados de sal blanca en el altiplano boliviano que, cuando llueve, se convierten en el espejo más grande del mundo: el cielo arriba y el cielo abajo, y tú caminando en medio.
Qué es exactamente el salar
A unos 3.650 metros de altitud, el salar es el fondo de un lago prehistórico evaporado, una costra de sal de varios metros de grosor que se extiende hasta donde alcanza la vista. Bajo ella se esconde una de las mayores reservas de litio del planeta. En superficie, el suelo se cuartea en polígonos perfectos que convierten cualquier foto en un cuadro.
Espejo o desierto blanco: dos salares en uno
La gran decisión es la época del año, porque el salar cambia por completo:
- De diciembre a marzo (temporada de lluvias): una lámina de agua de pocos centímetros crea el famoso efecto espejo, con reflejos perfectos de nubes y atardeceres. A cambio, no siempre se puede cruzar hasta el interior.
- De abril a noviembre (temporada seca): el desierto blanco al desnudo, con los hexágonos de sal a la vista, acceso a la isla Incahuasi y esas fotos de perspectiva imposible jugando con las distancias.
No hay elección mala: el espejo es hipnótico y la inmensidad blanca, sobrecogedora.
Incahuasi, ojos de sal y hoteles de sal
En plena costra emerge la isla Incahuasi, un antiguo arrecife cubierto de cactus gigantes centenarios desde el que la vista del blanco infinito quita el habla. En los bordes del salar verás los ojos de sal, pozos donde el agua subterránea burbujea, y los montículos donde los comunarios cosechan la sal como se ha hecho siempre. Muchos alojamientos de la zona están construidos con bloques de sal, paredes, mesas y camas incluidas: dormir en uno es parte de la experiencia.
Más allá del blanco: lagunas y flamencos
La mayoría de los tours de tres días continúa hacia el sur, por la reserva Eduardo Avaroa: la laguna Colorada, teñida de rojo y llena de flamencos; la laguna Verde a los pies del volcán Licancabur; desiertos de piedra, géiseres humeantes al amanecer y termas donde bañarse a 4.900 metros viendo salir el sol. Un festival de paisajes que compite de tú a tú con el propio salar.
Cómo organizarlo
La base habitual es el pueblo de Uyuni, adonde se llega en autobús nocturno desde La Paz o en tren desde Oruro; también hay quien entra desde el sur, combinándolo con el norte de Chile. Los tours en todoterreno compartido, de uno a tres días, son la fórmula clásica: elige agencia con calma, pregunta por el estado de los vehículos y no te dejes guiar solo por el precio.
Consejos para el altiplano
Aquí el clima no es frío: es extremo. De día el sol rebota en la sal con una radiación brutal y de noche el termómetro puede caer muy por debajo de cero. Vístete por capas y guarda siempre a mano gorro y guantes para los amaneceres. La combinación de altura, viento y reflejo deshace los labios en horas, así que el protector labial con filtro solar es tan importante como una buena crema solar de montaña, que deberás reaplicarte varias veces al día. Gafas de sol de buena categoría, agua abundante y calma los primeros días para aclimatarte completan la lista.
Pocos viajes te regalan la sensación de caminar por el cielo. El salar de Uyuni lo hace, literalmente. Ponlo en tu lista, y súbelo bien arriba.