En Japón el ramen no es un plato: es una religión con miles de templos repartidos por todo el país. Cada región defiende su estilo, su caldo y sus fideos, y recorrerlos es una de las formas más sabrosas de conocer el archipiélago. Te proponemos una ruta de norte a sur para no dejarte ni una cucharada.
Sapporo y el norte: miso para combatir el frío
En Hokkaido, la isla norteña, nació el ramen de miso: un caldo denso y reconfortante, a menudo coronado con mantequilla, maíz dulce y brotes de soja salteados. En Sapporo hay callejones enteros dedicados a este plato, con locales diminutos donde apenas caben diez taburetes. Muy cerca, en Hakodate, manda el ramen de shio (sal), mucho más ligero y transparente, perfecto para quien empieza en este mundillo.
Tokio y alrededores: la escuela clásica
El estilo tokiota por excelencia es el shoyu, con caldo de pollo aromatizado con salsa de soja y fideos rizados. Es el ramen de barrio de toda la vida, el que humea en las tabernas cercanas a cualquier estación. A media hora en tren, Yokohama presume de dos hitos: el contundente estilo iekei, que mezcla soja y hueso de cerdo, y un curioso museo dedicado al ramen donde varios puestos sirven estilos de todo el país bajo un mismo techo, ideal si vas corto de tiempo.
Kitakata y la tradición rural
Esta pequeña ciudad de la región de Fukushima presume de tener una de las mayores concentraciones de locales de ramen por habitante de Japón. Aquí los fideos son anchos, planos y ondulados, y hay quien desayuna un buen cuenco a primera hora: lo llaman asa-ra, el ramen de la mañana. Una parada deliciosa y muy poco turística.
Fukuoka y el sur: el imperio del tonkotsu
En la isla de Kyushu te espera el rey de los caldos: el tonkotsu de Hakata, elaborado con huesos de cerdo hervidos durante horas hasta lograr una sopa blanca, cremosa y adictiva. En Fukuoka se toma en los yatai, puestos callejeros que se montan al anochecer junto al río, y en muchos locales puedes pedir kaedama: una ración extra de fideos para aprovechar el caldo hasta el final.
Cómo pedir y comer sin meter la pata
- En muchos locales se paga primero en una máquina de tickets junto a la puerta: eliges el plato, metes las monedas y entregas el papelito al cocinero.
- Sorber los fideos no solo no es de mala educación: es señal de que lo estás disfrutando (y evita quemarte).
- El ramen se come recién servido y rápido; las sobremesas largas se dejan para otro tipo de restaurante.
- Personaliza sin miedo: huevo marinado, alga nori o chashu extra suelen costar poco y cambian el cuenco por completo.
Un par de apuntes prácticos: los enchufes japoneses son distintos de los europeos, así que no olvides un adaptador de enchufe para Japón, y para organizar trayectos en tren entre ciudad y ciudad viene muy bien una guía de viaje de Japón actualizada. Y si al volver quieres intentar tu propio caldo, un libro de cocina japonesa te dará la base para no rendirte al primer intento.
El último sorbo
Del miso norteño al tonkotsu sureño, la ruta del ramen es una excusa perfecta para cruzarse Japón en tren, cuenco a cuenco. Empieza por el estilo que más te llame y deja que el caldo marque el itinerario.