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Robledillo de Gata, la joya de pizarra escondida en Sierra de Gata

Calles y casas de pizarra de Robledillo de Gata, pueblo de la Sierra de Gata en Cáceres

Encajado en el valle del río Árrago, en el extremo oriental de la Sierra de Gata cacereña, Robledillo de Gata es de esos pueblos que parecen brotar de la propia montaña. Sus casas de pizarra, madera y adobe se apiñan en un laberinto de callejas tan bien conservado que el conjunto está declarado Bien de Interés Cultural. Si buscas un rincón de verdad apartado del mundo, apunta este nombre.

Un pueblo construido con la montaña

Lo primero que te atrapa de Robledillo es su arquitectura popular: muros de lajas de pizarra, entramados de madera de castaño, balcones corridos y hasta tres y cuatro alturas en casas que se tocan unas a otras sobre calles estrechísimas. Piérdete sin mapa y busca sus rincones más fotogénicos:

  • Los pasadizos cubiertos que unen viviendas por encima de la calle, perfectos para los días de lluvia... y para las fotos.
  • Las callejas empinadas que bajan hacia el río Árrago, con el rumor del agua siempre de fondo.
  • La iglesia parroquial y las pequeñas ermitas que salpican el caserío y sus alrededores.

Aquí no hay grandes monumentos: el monumento es el pueblo entero, y esa es precisamente su gracia.

Tierra de aceite y vino de pitarra

Robledillo vive desde hace siglos del olivo. Las laderas del valle están escalonadas en bancales de olivos de la variedad manzanilla cacereña, que dan un aceite de oliva virgen extra con fama merecida en toda Extremadura. En el pueblo podrás visitar un antiguo molino convertido en museo del aceite para entender cómo se exprimía la aceituna a la manera tradicional, y por supuesto comprar unas botellas para casa. La otra estrella local es el vino de pitarra, elaborado de forma casera en las bodegas excavadas bajo las casas: si te ofrecen probarlo, no digas que no.

En la mesa, busca cabrito, setas de temporada, aceitunas aliñadas y repostería casera. Cocina serrana sin artificios, que es la que mejor sienta después de una caminata.

Rutas de senderismo y piscinas naturales

El valle del Árrago es un paraíso para caminar. Desde el propio pueblo salen senderos señalizados que suben entre bancales de olivos, castaños y robledales, con panorámicas del valle que quitan el hipo; uno de los clásicos comunica Robledillo con el vecino pueblo de Descargamaría siguiendo el curso del río. El terreno de pizarra resbala cuando está húmedo, así que unas botas de senderismo impermeables con buena suela son la mejor inversión para esta escapada. En verano, el premio está en las piscinas naturales del Árrago, de aguas frías y limpísimas, ideales para el chapuzón de después de la ruta.

Cuándo ir y cómo llegar

Robledillo está lejos de todo, y ese es su encanto: se llega por carreteras de montaña desde la comarca de las Hurdes o desde el corazón de la Sierra de Gata, siempre despacio y disfrutando del paisaje. La primavera lo viste de verde y el otoño tiñe de cobre castaños y robles; en verano, el pueblo se anima y el río se convierte en la mejor terraza. En cualquier época conviene caminar bien hidratado, porque las cuestas son serias: llévate una cantimplora de acero inoxidable y rellénala en las fuentes del pueblo.

Si sueñas con un fin de semana sin ruido, sin prisas y sin cobertura emocional con el reloj, Robledillo de Gata te está esperando entre pizarras y olivos.

Foto: Joanvega · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons