En el rincón noroccidental de Cáceres, casi tocando Portugal y Salamanca, el Val de Xálima esconde uno de los tesoros culturales más sorprendentes de España: aquí, en San Martín de Trevejo y sus vecinos Eljas y Valverde del Fresno, se habla a fala, una lengua de raíz galaico-portuguesa que ha sobrevivido siglos aislada entre montañas. Solo por escucharla en la plaza ya merece la pena la escapada; lo demás —y hay mucho más— es regalo.
A fala: una lengua viva entre tres pueblos
Los vecinos llaman a su pueblo Sa Martín de Trevellu y a su habla, el mañegu. Declarada Bien de Interés Cultural, a fala se transmite de padres a hijos con total naturalidad: la oirás en la tienda, en el bar y en los carteles de algunas calles. No es un montaje para turistas, sino la vida cotidiana de un valle que siempre miró tanto a Portugal como a Castilla. Pregunta sin vergüenza; a los mañegos les encanta explicar su singularidad.
Un casco histórico con el agua por las calles
San Martín es Conjunto Histórico y se recorre mejor sin plan, dejándose llevar. Aun así, hay paradas obligadas:
- La Plaza Mayor porticada, con soportales sobre columnas de granito y casas de entramado de madera: el salón del pueblo.
- Las calles empedradas con regatos de agua corriendo por el centro, herencia de un ingenioso sistema tradicional.
- La iglesia de San Martín de Tours y la ermita de la Cruz Bendita, en lo alto del caserío.
- Las bodegas excavadas bajo las casas, donde se cría el vino de pitarra; muchas viviendas conservan la puerta ancha por donde entraban las cubas.
- El antiguo convento de San Miguel, a la entrada del pueblo, hoy recuperado como alojamiento y muestra del pasado franciscano del valle.
Castaños centenarios y el Puerto de Santa Clara
Sobre el pueblo se extiende uno de los castañares más hermosos de Extremadura, con ejemplares centenarios de troncos retorcidos que en otoño alfombran el suelo de erizos y hojas doradas. La ruta que sube entre castaños hacia el Puerto de Santa Clara es la excursión estrella: caminata asequible, sombra casi todo el año y, arriba, un mirador desde el que se domina todo el Val de Xálima y, en los días claros, la raya portuguesa. Para la jornada basta una mochila de día con agua y algo de picar, y en los tramos despejados del puerto agradecerás un sombrero de senderismo plegable, porque el sol de la sierra no perdona. Si te gustan las aves, la zona es paso de rapaces y unos prismáticos compactos convierten el mirador en un palco de lujo.
Sabores del Val de Xálima
La despensa mañega es serrana y contundente: cabrito, setas y castañas en temporada, aceite de oliva de la sierra, quesos de cabra y el omnipresente vino de pitarra, que aquí se ofrece con orgullo de cosecha propia. De postre, dulces caseros de sartén y miel de la comarca.
Cómo llegar y cuándo ir
San Martín de Trevejo se alcanza por carretera desde Moraleja o desde Ciudad Rodrigo, cruzando paisajes de dehesa y monte que ya avisan de lo que viene. El otoño del castañar es pura magia y la primavera llena el valle de verde y agua; en verano, las noches serranas son frescas y las piscinas naturales de la comarca, un plan redondo.
Ven a escuchar a fala, a caminar entre castaños abuelos y a brindar con pitarra: San Martín de Trevejo es de esos pueblos que se te quedan dentro.
Foto: Jálama07 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons