milescapadas

Hoi An, la ciudad de los farolillos de Vietnam

Farolillos de colores iluminando una calle del casco antiguo de Hoi An

Hay ciudades que parecen decoradas para una película, y Hoi An es una de ellas. Este antiguo puerto comercial del centro de Vietnam, declarado Patrimonio de la Humanidad, es un conjunto de casas amarillas, farolillos de seda y canales que se enciende cada noche como un cuento. Te contamos cómo exprimirlo.

Un casco antiguo detenido en el tiempo

El corazón de Hoi An se recorre a pie y sin coches. Durante siglos comerciaron aquí chinos, japoneses y europeos, y cada comunidad dejó su huella: casas-tienda de madera oscura, salones de congregaciones chinas decorados con dragones y el famoso puente cubierto japonés, símbolo de la ciudad. La entrada al casco antiguo incluye el acceso a varias casas históricas y templos; elige un par y piérdete el resto del tiempo sin plano.

La noche de los farolillos

Al atardecer, Hoi An se transforma. Miles de farolillos de seda tiñen las calles de colores, y en el río Thu Bon las barcas pasean a la luz de las velas que los visitantes dejan flotando pidiendo un deseo. Una vez al mes, en la luna llena, la ciudad apaga las luces eléctricas del centro y se celebra la fiesta de los farolillos: si tu viaje coincide, es pura magia. Los talleres artesanos del centro enseñan además a montar tu propio farolillo, un recuerdo perfecto.

Sastres, cocina y mercado

Hoi An es famosa en todo el mundo por sus sastres, capaces de coserte un traje o un vestido a medida en un par de días: pide ver telas y acabados con calma y deja margen para una segunda prueba. El mercado central, junto al río, es un festín de hierbas aromáticas, frutas y puestos donde probar especialidades locales como el cao lau, un plato de fideos que solo se hace aquí. Las clases de cocina con visita al mercado son uno de los planes estrella de la ciudad.

En bici entre arrozales y hasta la playa

La mejor manera de salir del casco antiguo es una bicicleta. En pocos minutos pedaleas entre arrozales de un verde imposible, búfalos de agua y aldeas de pescadores, hasta llegar a la playa de An Bang, de arena fina y chiringuitos tranquilos. Otra excursión clásica es la aldea de Tra Que, dedicada a las huertas de hierbas aromáticas. Para estos paseos conviene llevar una mochila de día con agua y protección solar, y al caer la tarde, sobre todo cerca del río y los arrozales, un repelente de mosquitos eficaz.

Cuándo ir y consejos

Los meses de primavera son los más agradables; a finales de otoño las lluvias pueden llegar a inundar las calles junto al río, algo que los locales se toman con una calma admirable. El calor húmedo aprieta casi todo el año: haz como los vietnamitas y llévate un abanico de mano para las horas centrales. Regatea con una sonrisa, madruga para ver el casco antiguo vacío y quédate al menos dos noches.

Hoi An es de esos lugares que se recuerdan en imágenes: un farolillo, una barca, una calle amarilla. Ve, enciende tu vela en el río y pide el deseo de volver.