Pocos pueblos pueden presumir de vecindario como Benasque: a un lado el Aneto, techo del Pirineo con sus 3.404 metros; al otro, el Posets, el segundo gigante de la cordillera. En el corazón de la Ribagoza oscense, esta villa de piedra es la base perfecta para una escapada de montaña con todos los alicientes, del senderismo familiar al alpinismo.
Un casco antiguo con solera
Antes de calzarte las botas, piérdete por el casco viejo. Benasque fue villa señorial y se nota: el palacio de los condes de Ribagorza, con su fachada renacentista, la iglesia románica de Santa María la Mayor y casonas como la casa Juste, con su torreón, hablan de siglos de historia a caballo entre Aragón y el viejo condado ribagorzano. Aquí todavía se escucha el patués, la variante benasquesa del aragonés, y merece la pena acercarse también al vecino y diminuto pueblo de Anciles, un conjunto de casas infanzonas impecable.
Llanos del Hospital y el Forau de Aiguallut
La cabecera del valle es un espectáculo mayúsculo. Desde los Llanos del Hospital, antigua posada de peregrinos y viajeros al pie del macizo de la Maladeta, parte la excursión más famosa: el Forau de Aiguallut, la sima donde las aguas de deshielo del Aneto se despeñan en cascada y desaparecen bajo tierra para reaparecer, kilómetros después, en el valle de Arán. El paseo, con la cara norte del Aneto siempre delante, es de los que justifican un viaje.
Ten en cuenta que a estas alturas los neveros aguantan hasta bien entrada la primavera: si vas fuera del pleno verano, unos crampones ligeros de senderismo en la mochila te darán seguridad en los tramos helados. Y si te animas a madrugar para ver amanecer sobre la Maladeta, no salgas sin un frontal led recargable.
Ibones, miradores y actividades para todos
El valle de Benasque acumula decenas de ibones (lagos de origen glaciar) a los que se llega caminando:
- Ibones de Villamuerta: cortos y con vistas al valle.
- Ibón de Gorgutes: en el entorno del puerto de la Glera, frontera con Francia.
- Ibonet de Batisielles y Estós: la entrada al reino del Posets, por un valle de cuento.
En invierno, la estación de Cerler, la más alta del Pirineo aragonés, convierte el valle en destino de esquí; el resto del año hay barrancos, escalada, bicicleta y rutas a caballo. Para las jornadas largas entre ibones, una mochila de montaña de 30 litros es la medida justa: cabe la comida, el agua y una capa de abrigo, porque aquí el tiempo cambia en minutos.
Dónde comer: cocina de alta montaña
La gastronomía benasquesa es contundente, como manda la altitud: civet de jabalí, ternera de raza parda alpina criada en los prados del valle, setas de temporada, quesos ribagorzanos y crepes de la vecina tradición pirenaica. Busca los restaurantes del casco antiguo y remata con un chupito de licor de hierbas casero.
Cómo llegar y cuándo ir
Se llega por la A-139 remontando el río Ésera desde Castejón de Sos; la carretera es buena, aunque en invierno conviene llevar cadenas. El verano es la temporada reina para el senderismo, el otoño tiñe de oro los bosques bajos del valle y el invierno es territorio de esquiadores. En temporada alta, madruga para aparcar en los accesos a Llanos del Hospital.
Benasque lo tiene todo: gigantes de tres mil metros, un casco antiguo con historia y una mesa que repone cualquier paliza montañera. Reúne a tu cuadrilla y súbete al techo del Pirineo.
Foto: Ramiro Toso Andreu · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons