Dicen que en Francia hay más quesos que días tiene el año, y tras recorrer sus regiones queseras te aseguramos que la frase se queda corta. Este viaje huele a cueva, a pasto de montaña y a mercado de pueblo. Prepara el paladar: salimos de ruta por la Francia del queso.
Normandía: la cuna del camembert
Entre prados verdes y vacas pastando junto al mar, Normandía es tierra de quesos cremosos de corteza florida: camembert, livarot y pont-l'évêque. Los mercados semanales de sus pueblos son el mejor sitio para probarlos en su punto justo, acompañados de sidra local. Busca los que lucen sello de denominación de origen y leche cruda: la diferencia se nota.
Valle del Loira: el reino de la cabra
Siguiendo el río de los castillos encontrarás los grandes quesos de cabra franceses: el cilíndrico sainte-maure de touraine con su paja atravesada, el crottin de chavignol o la pirámide de valençay. Frescos son suaves y lácticos; curados ganan carácter. Maridan de maravilla con los vinos blancos de la zona.
Auvernia: quesos con alma volcánica
En el corazón montañoso del país, entre antiguos volcanes, nacen el saint-nectaire, el cantal y el azul bleu d'auvergne. Es una región rural y auténtica, perfecta para combinar senderismo suave con visitas a granjas que elaboran y venden directamente. Muchas abren sus puertas y te enseñan el proceso encantadas.
Alpes y Jura: las montañas del comté y el reblochon
En Saboya te esperan el reblochon (la base de la tartiflette), el beaufort y el abondance, quesos de alta montaña con sabor a hierba alpina. Un poco más al norte, en el Jura, las cooperativas llamadas fruitières elaboran el celebérrimo comté, madurado durante meses en cuevas donde las ruedas se cuentan por miles. Algunas bodegas de afinado pueden visitarse y son un espectáculo.
Roquefort: la catedral del queso azul
El sur guarda la joya final: el pueblo de Roquefort-sur-Soulzon, donde el famoso azul de leche de oveja madura en cuevas naturales abiertas en la roca. Varias casas elaboradoras ofrecen visitas a las galerías subterráneas con degustación incluida. Un final de ruta a la altura de la leyenda.
Consejos para queseros viajeros
- Compra en mercados y queserías artesanas, y pide probar antes: es lo habitual y nadie se ofende.
- Para el viaje de vuelta, una bolsa isotérmica de viaje es imprescindible si quieres que tus tesoros lleguen a casa en condiciones.
- Si viajas en coche, un pícnic de queso, pan y vino junto a un castillo del Loira es un plan redondo; no olvides un sacacorchos de viaje en la guantera.
- Para preparar el itinerario y entender denominaciones y temporadas, ayuda mucho una guía gastronómica de Francia.
Bon appétit
Cremosos, azules, de cabra o de montaña: los quesos franceses son un mapa que se recorre con cuchillo y baguette. Elige tres o cuatro regiones, alquila un coche y déjate guiar por el olfato.