En plena llanura manchega, entre campos de cereal y molinos en el horizonte, Belmonte se anuncia desde lejos con la silueta de su castillo coronando el cerro de San Cristóbal. Este pueblo de la Mancha conquense fue señorío del poderoso Juan Pacheco, marqués de Villena, y conserva un conjunto monumental que quita el hipo: fortaleza, colegiata, murallas y un caserío lleno de historia.
El castillo de Belmonte, una fortaleza de cine
El castillo de Belmonte es la gran estrella de la escapada. Mandado levantar en el siglo XV por Juan Pacheco, combina la solidez militar del gótico con delicadas yeserías mudéjares en sus salas interiores, y su planta estrellada lo convierte en uno de los castillos más singulares y mejor conservados de España. En el siglo XIX lo restauró Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, que lo acondicionó como residencia.
Su aspecto imponente no ha pasado desapercibido para el cine: aquí se rodaron escenas de la mítica El Cid con Charlton Heston. Hoy la visita permite recorrer las estancias palaciegas, los adarves y el patio de armas, y en el exterior podrás ver reproducciones de grandes máquinas de asedio medievales. Además, el castillo acoge torneos internacionales de combate medieval que llenan el pueblo de caballeros con armadura.
La colegiata y la huella de Fray Luis de León
A los pies del cerro te espera la colegiata de San Bartolomé, un templo gótico del siglo XV que esconde un tesoro: la sillería del coro procedente de la catedral de Cuenca, considerada una de las primeras de España con escenas talladas. En su interior se conserva también la pila bautismal en la que, según la tradición, fue bautizado Fray Luis de León, el gran poeta y humanista nacido en Belmonte en 1527.
Después, piérdete por el casco antiguo: tramos de muralla, puertas monumentales como la de Chinchilla, casonas blasonadas y la plaza porticada. Para sacar partido a tanto monumento, una cámara de fotos compacta te vendrá de perlas, sobre todo al atardecer, cuando la piedra del castillo se enciende de tonos dorados.
Dónde comer: cocina manchega de verdad
Belmonte es tierra de cocina recia y sabrosa. En sus mesones y restaurantes encontrarás clásicos manchegos como el morteruelo, el ajoarriero, el pisto o las gachas, siempre acompañados de queso manchego curado y vinos de la zona. De postre, dulces tradicionales como los mantecados o el alajú, una pasta de miel y almendras de herencia árabe.
Cuándo ir y cómo llegar
- En coche: Belmonte está muy bien situado, a unos 40 minutos de la autovía A-3 (salida por Mota del Cuervo) y a unas dos horas de Madrid.
- Mejor época: primavera y otoño, con temperaturas suaves para pasear; en verano conviene madrugar, porque el sol manchego aprieta y una gorra para el sol se agradece en la subida al castillo.
- Tiempo recomendado: un día completo da para castillo, colegiata y casco antiguo con calma.
Alrededores: molinos y pueblos con encanto
Si te sobra tiempo, a un cuarto de hora tienes los molinos de viento de Mota del Cuervo, en plena ruta de Don Quijote, y muy cerca queda Villaescusa de Haro, con un notable patrimonio religioso. Para organizar la ruta por la zona sin perderte nada, llevar una guía de viaje de Castilla-La Mancha en la guantera es un acierto.
Belmonte es una de esas escapadas redondas: historia, literatura, buena mesa y un castillo que parece sacado de una película. Ven con tiempo, súbete a sus almenas y déjate llevar siglos atrás.
Foto: B25es · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons