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Portomarín, el pueblo del Camino que se mudó piedra a piedra

Vista de Portomarín sobre el embalse de Belesar con la iglesia fortaleza de San Nicolao

Pocos pueblos pueden presumir de haberse mudado enteros. Cuando en los años sesenta el embalse de Belesar anegó el valle del Miño, el viejo Portomarín quedó bajo las aguas... pero sus monumentos no: los vecinos los desmontaron sillar a sillar y los volvieron a levantar en lo alto del monte do Cristo. Hoy esta villa lucense, etapa clásica del Camino Francés, es una lección de historia, tesón y hospitalidad jacobea.

Una iglesia-fortaleza numerada piedra a piedra

El corazón del nuevo Portomarín es la iglesia de San Nicolao (también llamada de San Xoán), un extraordinario templo románico del siglo XII levantado por la orden de San Juan: tan alto y macizo que parece más castillo que iglesia, con almenas en lo alto y una portada atribuida al círculo del Maestro Mateo, el del Pórtico de la Gloria. Fíjate bien en sus muros: aún se distinguen los números tallados en los sillares que sirvieron para desmontarla y recomponerla en su nuevo emplazamiento. Pocas veces la arqueología deja huellas tan conmovedoras.

La escalinata sobre el río

Se entra al pueblo cruzando el puente moderno sobre el embalse y subiendo la monumental escalinata coronada por la capilla das Neves, construida aprovechando un arco del puente medieval rescatado de las aguas. Arriba te espera la calle principal, porticada y en cuesta, pensada para el ir y venir de peregrinos, con sus soportales, sus bares y su ambiente jacobeo a cualquier hora. En verano, el embalse se convierte en zona de baño y paseo; y cuando Belesar baja mucho de nivel, emergen fantasmales los restos del viejo Portomarín: muros, huertas y el arranque del puente romano-medieval.

Etapa estrella del Camino Francés

Portomarín vive del y para el Camino de Santiago: aquí termina la etapa que baja de Sarria, la más transitada de toda la ruta al ser el último centenar de kilómetros que da derecho a la Compostela. Aunque no seas peregrino, caminar un tramo entre carballeiras y aldeas es la mejor manera de empaparse del espíritu del lugar. Unos consejos si te animas:

  • Hazte con una guía del Camino de Santiago para elegir tramo, sellos y alternativas de vuelta.
  • Los pies mandan: unos buenos calcetines de senderismo sin costuras previenen las temidas ampollas mejor que cualquier remedio posterior.
  • En Galicia el cielo cambia en minutos: un chubasquero ligero plegable pesa poco y salva etapas enteras.
  • Madruga: la luz sobre el embalse al amanecer, con la niebla subiendo del Miño, es un regalo.

Aguardiente con denominación propia

El otro orgullo local es el aguardiente: Portomarín presume de destilar una de las mejores augardentes de Galicia, y cada primavera, en torno a la Pascua, celebra su tradicional fiesta con alquitara en la plaza y queimadas multitudinarias. Es el broche perfecto para una mesa de polbo á feira, empanada y quesos de la vecina comarca de A Ulloa.

Cómo llegar y cuándo ir

Portomarín está a unos 30 minutos de Lugo y a poco más de una hora de Santiago. La primavera y el comienzo del otoño combinan buen tiempo de paseo con menos bullicio peregrino que julio y agosto. Y si puedes, quédate a dormir: cuando los caminantes siguen ruta y cae la tarde, la villa recupera un silencio que invita a sentarse en la escalinata a ver apagarse el día sobre el agua.

Un pueblo que se negó a desaparecer y cruzó el río piedra a piedra: si eso no es una buena razón para una escapada, que baje el Miño y lo vea.

Foto: m.dolores paderne sa… · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons