A poco más de una hora de Barcelona, escondido en un pliegue del parque natural de Sant Llorenç del Munt i l'Obac, resiste Mura, un pueblecito del Bages de apenas doscientos y pico habitantes que parece a años luz del bullicio metropolitano. Piedra, riera, bosques y silencio: la receta perfecta para desconectar sin hacer kilómetros de más.
Un casco antiguo para perderse
El núcleo medieval de Mura es un ovillo de callejones empinados, arcos y casas de piedra que se apiñan alrededor de la iglesia románica de Sant Martí, del siglo XII, con una portada esculpida que merece una mirada tranquila. La riera de Nespres atraviesa el pueblo entre puentecillos y antiguos huertos, y en cada esquina asoman rincones con nombre propio: lavaderos, hornos de pan recuperados y balcones desbordados de flores. No hay grandes monumentos que tachar de la lista, y ahí está la gracia: Mura se pasea, se escucha y se huele.
La ruta de las tines, un paisaje único
La joya menos conocida del municipio está en el valle del Flequer: las tines, unas construcciones de piedra seca con el interior revestido de baldosas vidriadas donde los campesinos pisaban y fermentaban la uva a pie de viña, para no tener que acarrearla hasta el pueblo. Son testimonio de la época dorada de la viña en el Bages, antes de la filoxera, y forman un conjunto tan singular que se ha señalizado una ruta circular para descubrirlas entre bosques y antiguos bancales. El itinerario es asequible y espectacular en otoño; unas buenas botas de senderismo bastan para completarlo con comodidad.
Senderismo mayor: el Montcau y La Mola
Mura es también puerta de entrada a las cumbres del parque. Desde el coll d'Estenalles, a un cuarto de hora en coche, se sube fácilmente al Montcau (1.057 m), un balcón formidable sobre media Cataluña, y los más andarines pueden seguir cresta a través hasta La Mola, coronada por el antiguo monasterio románico de Sant Llorenç del Munt. El paisaje de rocas redondeadas de conglomerado, agujas y canales recuerda a un Montserrat en miniatura y es un paraíso para los aficionados a la fotografía y a las caminatas.
Pozas y chapuzones de verano
En los meses cálidos, las rieras del entorno forman pozas y saltos de agua muy queridos por los locales. El caudal varía mucho según el año, pero cuando bajan con agua son un premio tras la caminata. El fondo es de roca, así que unos escarpines de río evitan resbalones y cortes. Eso sí: estamos en un parque natural, respeta las zonas señalizadas y llévate todos tus residuos.
Sabores del Bages y consejos prácticos
- La comarca recupera con fuerza sus vinos de la D.O. Pla de Bages, herederos de aquellas viñas de las tines: búscalos en la carta.
- Prueba la cocina de montaña catalana: embutidos, setas en temporada y carnes a la brasa.
- Los fines de semana soleados el pueblo se anima: llega pronto, el aparcamiento está a la entrada y es limitado.
- Combina Mura con Talamanca o el Pont de Vilomara para redondear la excursión por el Bages.
Mura no sale en todas las listas, y quizá por eso conserva intacto su encanto. Ven un domingo cualquiera, piérdete entre tines y callejones, y guárdate el secreto… o compártelo solo con quien lo merezca.
Foto: Xavigivax · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons