En lo alto del valle de Roncal, donde los ríos Uztárroz y Belagua se abrazan para formar el Esca, te espera Isaba (Izaba), la villa más grande y montañera del Pirineo roncalés. Es el último gran pueblo antes de que la carretera trepe hacia Belagua y la muga francesa, y eso se nota: aquí todo huele a piedra, a bosque y a alta montaña.
Un pueblo de piedra bajo la iglesia-fortaleza
El casco urbano de Isaba es un delicioso laberinto de casonas de piedra con tejados muy inclinados —para despachar la nieve— y chimeneas troncocónicas típicas del valle. Todo se apiña bajo la mole de la iglesia de San Cipriano, un templo-fortaleza del siglo XVI con aire de castillo, que guarda un retablo mayor renacentista y un órgano histórico de gran valor. Piérdete por las calles Mendigatxa y Barrikata, cruza los puentes sobre el Esca y busca los lavaderos y las casas blasonadas: el paseo es corto, pero de los que se saborean.
Belagua y Larra: la alta montaña navarra
La gran razón para dormir en Isaba está carretera arriba: el valle de Belagua, el único valle glaciar de Navarra, y el karst de Larra, un fascinante laberinto de roca caliza, simas y pino negro. Desde sus miradores y senderos se contemplan cumbres míticas como el Ezkaurre y la Mesa de los Tres Reyes, techo de Navarra con sus 2.444 metros. Algunas rutas recomendadas:
- Rincón de Belagua: paseos suaves entre prados y bordas, ideales con niños.
- Ascensión al Ezkaurre desde el entorno de Belabarce, exigente pero inolvidable.
- Larra desde el alto de la Piedra de San Martín, para adentrarse en el karst con precaución y buen tiempo.
El terreno kárstico es traicionero para los tobillos, así que aquí los bastones de trekking no son capricho sino seguro de vida para las rodillas, y conviene llevar siempre una cantimplora bien llena: en la caliza de Larra el agua desaparece bajo tierra y las fuentes escasean.
El Tributo de las Tres Vacas
Isaba es escenario de una de las tradiciones más asombrosas de Europa: cada 13 de julio, en la muga de la Piedra de San Martín, los valles de Roncal y Baretous (Francia) renuevan el Tributo de las Tres Vacas, un pacto de pastos documentado desde el siglo XIV y considerado uno de los tratados vivos más antiguos del continente. Ver a los alcaldes roncaleses con sus capas negras recibir las tres vacas es viajar en el tiempo.
Cuándo ir, qué comer y qué llevar
Cada estación tiene su premio: en verano, senderismo y fresco garantizado; en otoño, hayedos incendiados de color; en invierno, esquí de fondo y raquetas en el entorno de Belagua. La gastronomía es la propia de la montaña: queso de la denominación Roncal curado en el valle, migas de pastor, ternera y cordero de los puertos, y cuajada de postre. Eso sí, incluso en pleno agosto las tardes refrescan de golpe, así que el forro polar es obligatorio en la mochila todo el año.
Cómo llegar
Desde Pamplona se tarda algo menos de dos horas por Lumbier y la carretera del valle de Roncal, remontando el Esca; también se llega desde Huesca por Ansó. La carretera es de montaña, preciosa y tranquila, con el aliciente de que en invierno puede requerir cadenas en su tramo alto.
Si buscas un campamento base auténtico para conocer el Pirineo navarro más salvaje, pon Isaba en el mapa. Reúne a tu cuadrilla, reserva con antelación en temporada y déjate conquistar por el valle donde Navarra toca el cielo.
Foto: GildeIpas · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons