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Lyon: fin de semana en la capital gastronómica de Francia

Fachadas de colores del Vieux Lyon junto al río Saona con la colina de Fourvière al fondo

Si Francia se sienta a la mesa, lo hace en Lyon. La tercera ciudad del país, abrazada por el Ródano y el Saona, lleva siglos alimentando su fama de capital gastronómica con sus bouchons, sus mercados y sus cocineros legendarios. Pero Lyon no es solo tenedor: también es un casco renacentista Patrimonio de la Humanidad lleno de pasadizos secretos. Te proponemos un fin de semana para saborearla entera.

El Vieux Lyon y sus traboules

El casco viejo, a los pies de la colina de Fourvière, es uno de los conjuntos renacentistas más grandes de Europa. Su secreto mejor guardado son las traboules, pasadizos que atraviesan patios y edificios conectando calles paralelas: los usaban los comerciantes de seda para mover sus telas a cubierto y hoy puedes recorrer los que permanecen abiertos empujando discretamente sus portones. Entre callejones estrechos y patios con torreones, viajar ligero se agradece: con una mochila de cabina te plantas en la ciudad sin facturar y sin arrastrar ruedas por los adoquines.

Fourvière: la ciudad a tus pies

Sube en el funicular a la basílica de Notre-Dame de Fourvière, la «torre Eiffel al revés» que vela por la ciudad. Desde su explanada, en los días claros, se ven los Alpes en el horizonte. Al lado, los teatros romanos de Lugdunum recuerdan que Lyon fue capital de la Galia romana mucho antes que capital de los fogones.

La hora de la verdad: los bouchons

Comer en un bouchon es la experiencia lionesa por excelencia: manteles de cuadros, ambiente bullicioso y cocina generosa. Apunta los imprescindibles:

  • Quenelle de lucio con salsa Nantua, esponjosa y delicada.
  • Salade lyonnaise, con huevo escalfado y panceta.
  • Andouillette y cervelle de canut, para paladares curiosos: embutido de casquería y queso fresco con hierbas.
  • Pralines rosas, en tartas y brioches que tiñen de rosa los escaparates.

Completa la ruta en Les Halles Paul Bocuse, el mercado cubierto dedicado al cocinero más famoso de la ciudad, perfecto para picar ostras, quesos y salchichón entre puestos.

Presqu'île y la Croix-Rousse

Entre los dos ríos se extiende la Presqu'île, con la monumental plaza Bellecour y las mejores calles de tiendas. Cuesta arriba, el barrio de la Croix-Rousse, antiguo hogar de los tejedores de seda, mantiene un aire de pueblo con sus mercados y sus cuestas. En las zonas más concurridas y en el transporte público conviene ir con lo justo y bien guardado: una riñonera antirrobo es la forma más cómoda de moverse de mesa en mesa sin preocupaciones.

Consejos para exprimir el finde

Lyon se recorre muy bien a pie y en metro, y los murales gigantes —como el famoso mur des Canuts— merecen un desvío. Entre reservas de restaurantes, mapas y fotos de cada plato, el móvil no descansa: guarda una batería externa en el bolsillo y despreocúpate. Y si puedes, ve con hambre acumulada de casa.

Lyon demuestra que la alta cocina y la cocina de barrio pueden vivir en la misma mesa. Ven con apetito: la capital gastronómica de Francia no decepciona jamás.