Angkor no es un templo: es una ciudad entera de piedra tragada por la selva durante siglos. El antiguo corazón del imperio jemer, junto a Siem Riep, en Camboya, reúne cientos de templos repartidos por kilómetros de bosque, y visitarlo sin plan es la receta perfecta para agotarse. Aquí tienes la guía para no perderte.
Cómo organizar la visita
La entrada se compra por días (uno, tres o siete) y los templos se recorren tradicionalmente en dos circuitos: el circuito corto, con los grandes imprescindibles, y el circuito largo, con templos más tranquilos. Nuestra recomendación: al menos tres días, contratando un tuk-tuk con conductor por jornada, la forma más cómoda y con más encanto de moverse entre templos. Empieza siempre al amanecer, descansa en las horas de calor y vuelve por la tarde.
Los imprescindibles
- Angkor Wat: el mayor edificio religioso del mundo. Su silueta reflejada en el estanque al amanecer justifica el madrugón, y sus kilómetros de bajorrelieves cuentan batallas y leyendas hindúes.
- Angkor Thom y el Bayon: la ciudad amurallada del rey Jayavarman VII, presidida por las más de doscientas caras gigantes de piedra del Bayon que sonríen en todas direcciones.
- Ta Prohm: el templo abrazado por las raíces de árboles colosales, dejado a propósito tal y como lo encontraron los exploradores. Es el más fotogénico y el más concurrido: ve a primera o última hora.
- Banteay Srei: más lejos, pequeño y de arenisca rosada, con los relieves más finos de todo Angkor.
Angkor sin agobios
La masificación se concentra en tres o cuatro puntos y en dos momentos del día. Truco: recorre los circuitos al revés que la mayoría, reserva el amanecer de Angkor Wat para tu último día y dedica una jornada a templos secundarios como Preah Khan, Ta Som o el estanque de Neak Pean, donde estarás casi solo entre piedras y pájaros. Contratar un guía local al menos un día multiplica lo que ves: los relieves cuentan historias que solos pasaréis por alto.
Consejos prácticos
El calor húmedo es el gran enemigo: bebe agua constantemente, usa sombrero y aprovecha la sombra. Un ventilador de mano se agradece muchísimo en las colas y las horas centrales, y un buen repelente de mosquitos es imprescindible al amanecer y al atardecer. Subirás escaleras milenarias empinadas y caminarás sobre piedra irregular, así que unas zapatillas de trekking ligeras son mejor idea que las sandalias. Lleva en una mochila de día agua, protector solar y algo de ropa que cubra hombros y rodillas: la exigen en los santuarios superiores. La época seca, de finales de año a primavera, es la mejor para visitar; en la verde, tras las lluvias, los fosos están llenos y todo brilla.
Angkor es de esos lugares que superan las expectativas por muy altas que lleguen. Tómatelo con calma, madruga y deja que la selva y la piedra hagan el resto.