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Estambul dulce: baklava, té y el bazar de las especias

Bandejas de baklava con pistacho en una pastelería de Estambul

Estambul se puede recorrer por sus mezquitas, por sus orillas o por sus mercados, pero hay una ruta que engancha desde el primer bocado: la del azúcar. La ciudad lleva siglos endulzando a sultanes y viajeros, y hoy sus pastelerías y bazares siguen siendo un festín para los sentidos. Te proponemos un itinerario goloso de principio a fin.

Baklava, el rey de la mesa

Capas finísimas de masa filo, mantequilla, pistacho o nuez y un baño de almíbar: así se construye el baklava, el dulce más celebrado de la cocina turca. Lo encontrarás en pastelerías históricas y en obradores de barrio, cortado en rombos brillantes y vendido al peso. Fíjate en el color del pistacho —cuanto más verde, mejor— y pídelo acompañado de un té: el contraste entre el amargor y el almíbar es puro equilibrio. Prueba también sus variantes, como los rollitos sarma o el şöbiyet relleno de crema.

Lokum y otros placeres del bazar

El lokum, las famosas delicias turcas, son cubos tiernos de almidón y azúcar perfumados con agua de rosas, limón o granada, a menudo rellenos de pistacho y rebozados en coco. En las tiendas tradicionales te dejarán probar antes de comprar, así que no te cortes. Completa la lista golosa con el künefe, un postre caliente de masa crujiente y queso fundido bañado en almíbar, y en los meses fríos con un vaso de salep, una bebida cremosa y especiada que reconforta como pocas.

El bazar de las especias, un festín para la nariz

Junto al Cuerno de Oro, el bazar egipcio o de las especias es la despensa histórica de la ciudad: montañas de pimentón y zumaque, pirámides de lokum, ristras de higos secos, miel en panal y té de todos los colores. Pasea sin prisa, compara precios entre puestos y regatea con una sonrisa, que forma parte del juego. Las especias envasadas al vacío y el té de granada son recuerdos que caben en cualquier maleta.

La ceremonia del té y del café

En Estambul el té negro se sirve a todas horas en pequeños vasos con forma de tulipán, bien caliente y con dos terrones al lado. Aceptarlo cuando te lo ofrecen en una tienda es parte de la hospitalidad local. El café turco, espeso y con poso, se prepara en un cacillo de mango largo llamado cezve y se bebe despacio, casi como un ritual; hay quien después lee el futuro en los posos de la taza. Si te aficionas, un molinillo de café de viaje te permitirá moler el café tan fino como exige la receta cuando vuelvas a casa.

Consejos para golosos organizados

  • Ve al bazar a primera hora para esquivar a los grupos y ver el ambiente más auténtico.
  • Compra el baklava al peso y del día; recién hecho no tiene rival.
  • El lokum viaja muy bien, el künefe no: ese hay que comerlo allí, recién sacado del fuego.
  • Si quieres reproducir estos dulces en casa, un libro de cocina turca es el mejor recuerdo comestible que no caduca.

Un final con almíbar

Estambul se queda en la memoria por muchas cosas, pero su versión más dulce es la que antes te hará querer volver. Déjate llevar de pastelería en pastelería, acepta cada té que te ofrezcan y guarda hueco: aquí el postre nunca es el final, sino el principio.