Al sur de la provincia de Córdoba, un cerro coronado de casas blancas se adentra como una península en el mayor embalse de Andalucía. Ese pueblo es Iznájar, y su estampa —cal, roca y agua azul hasta donde alcanza la vista— es de las que se quedan grabadas. Es la escapada perfecta para combinar callejeo con encanto y un día de remo y chapuzones en familia.
Subida al barrio antiguo y al castillo
El casco histórico de Iznájar trepa hasta el castillo de origen andalusí, levantado en el siglo VIII, del que se conservan torres y lienzos de muralla. A su sombra se apiña el barrio de la Villa, con rincones tan fotogénicos como el Patio de las Comedias, un balcón encalado y lleno de macetas sobre el embalse, o la calle de los Letreros y sus versos en las fachadas. Junto al castillo, la iglesia de Santiago Apóstol, del siglo XVI, completa la corona monumental del cerro.
Repartidos por el pueblo hay varios miradores que van cambiando la perspectiva del lago: el de la Cruz de San Pedro, el del barrio bajo junto al puente... Súbelos todos, que las cuestas se perdonan con las vistas.
Valdearenas: una playa a 400 kilómetros del mar
A los pies del pueblo, la playa de Valdearenas es uno de los secretos mejor guardados del interior andaluz: una lengua de arena de verdad, con pinos que dan sombra, zona de baño y una escuela náutica donde alquilar kayaks, tablas de paddle surf o pequeños veleros. El embalse de Iznájar, apodado con razón «el lago de Andalucía», tiene más de treinta kilómetros de longitud, así que hay agua para aburrirse... o para no aburrirse jamás.
Si venís con niños, es un plan redondo: aguas tranquilas, orilla amplia y merenderos. Eso sí, el fondo tiene tramos de piedrecilla, así que unos escarpines para toda la familia evitan disgustos, y en pleno verano no os mováis de la toalla sin crema solar de factor alto y un sombrero plegable: el sol cordobés no tiene piedad.
Qué más hacer en la comarca
- Rutas en bici o a pie por los caminos del olivar que rodean el embalse, con el caserío siempre de fondo.
- Pesca deportiva: el embalse es un clásico para los aficionados al black bass y la carpa.
- Saltar a la Subbética: Rute y sus anisados y mantecados, o Priego de Córdoba y su barroco, quedan a un paso.
Dónde comer: cocina de olivar
En Iznájar mandan el aceite de oliva virgen extra y los platos de siempre: porra —prima espesa del salmorejo—, remojón de naranja con bacalao, flamenquines y, en los meses fríos, guisos contundentes de la matanza. De postre, dulces de sartén y el recuerdo dulce de los anisados de la vecina Rute.
Cuándo ir y cómo llegar
De mayo a septiembre el plan playa funciona a pleno rendimiento; en primavera y otoño el protagonismo pasa a los miradores y los senderos, con el olivar en su mejor momento. Iznájar está casi a medio camino entre Córdoba, Granada y Málaga: a poco más de una hora de las dos últimas por la A-45 y la A-92, lo que lo convierte en una escapada facilísima desde media Andalucía.
Agua dulce, cal blanca y horizonte de olivos: Iznájar demuestra que no hace falta costa para tener playa. Prepara el bañador y ven a comprobarlo.
Foto: Feranza · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons