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Un fin de semana en Sevilla entre azahar y azulejos

Azulejos y torres de la Plaza de España de Sevilla al atardecer

Sevilla tiene un color especial, y no es solo una canción: es la luz sobre la Giralda, el olor a azahar en primavera y el rumor de las terrazas hasta bien entrada la noche. Si aún no la conoces, te proponemos un fin de semana para caer rendido; si ya has estado, seguro que encuentras motivos para volver.

El corazón monumental: catedral, Giralda y Alcázar

Empieza por la catedral de Sevilla, la mayor catedral gótica del mundo, donde reposan los restos de Cristóbal Colón. Sube a la Giralda por sus rampas —pensadas para subir a caballo— y contempla la ciudad desde el antiguo alminar. A un paso, el Real Alcázar despliega patios, yeserías y jardines donde se superponen siglos de arte mudéjar, gótico y renacentista. Conviene reservar las entradas con antelación y madrugar: las colas al sol sevillano no perdonan.

Perderse por Santa Cruz y asomarse a Triana

El barrio de Santa Cruz, la antigua judería, es un laberinto de callejas encaladas, patios con macetas y plazitas escondidas como la de Doña Elvira. Déjate perder sin mapa, que es como mejor se disfruta. Después cruza el puente de Isabel II hacia Triana, cuna de alfareros y de arte flamenco: su mercado, sus tiendas de cerámica y sus bares junto a la calle Betis son otra forma de entender la ciudad. Entre adoquines y horas de paseo, un calzado cómodo para caminar marca la diferencia entre un día glorioso y unos pies destrozados.

Plaza de España y el parque de María Luisa

Construida para la Exposición Iberoamericana de 1929, la Plaza de España es pura escenografía: un semicírculo de ladrillo y azulejo con bancos dedicados a cada provincia española, canal con barcas incluido. El vecino parque de María Luisa, con sus glorietas y sus naranjos, es el lugar perfecto para recuperar fuerzas a la sombra. Tanta foto y tanto mapa agotan el móvil enseguida, así que una batería externa en el bolso es de esas cosas que se agradecen a media tarde.

De tapa en tapa

En Sevilla se come de pie, en barra y compartiendo. Apunta clásicos que encontrarás por toda la ciudad:

  • Espinacas con garbanzos, herencia morisca y plato de cuaresma todo el año.
  • Cazón en adobo y pescaíto frito, crujientes y con su puntito de vinagre.
  • Carrillada ibérica, melosa y contundente.
  • Solomillo al whisky, un clásico sevillano de barra.

Cuándo ir y últimos consejos

La primavera, con el azahar en flor, y el otoño son las mejores épocas; en pleno verano el termómetro supera los 40 grados con facilidad y conviene vivir a horario local: madrugar, sestear y salir de noche. En zonas muy concurridas como la Puerta de Jerez o los alrededores de la catedral, una riñonera antirrobo te deja las manos libres y la cabeza tranquila.

Sevilla no se visita: se vive. Resérvale un fin de semana y deja que el azahar haga el resto.