En el extremo oriental de Cantabria, casi tocando Bizkaia, Castro Urdiales se despliega alrededor de uno de los puertos más bonitos del Cantábrico. Sobre él, encaramada a la roca, la mole gótica de Santa María y el castillo-faro componen una de las postales marineras más potentes del norte: una villa con dos mil años de historia que se disfruta a golpe de paseo, rabas y brisa salada.
Santa María, el castillo y el puente medieval
La peña que cierra el puerto concentra el conjunto monumental:
- La iglesia de Santa María de la Asunción, iniciada en el siglo XIII, es el gran templo gótico de Cantabria: arbotantes, pináculos y una silueta de catedral asomada al mar que impresiona desde cualquier ángulo.
- El castillo de Santa Ana, fortaleza medieval coronada por un faro que sigue en servicio, vigilando la bocana.
- El puente medieval, de un solo ojo y conocido como puente romano, junto a la ermita de Santa Ana sobre su peñasco: el rincón más fotografiado de la villa, sobre todo con marejada.
Bajo todo ello duerme Flaviobriga, la colonia romana fundada en el siglo I sobre la que creció la villa; el casco histórico conserva su trazado apretado de calles porticadas y casas de galerías acristaladas.
El puerto y el paseo marítimo
El puerto pesquero es el salón de Castro: barcos de colores, terrazas y el ir y venir de paseantes por un frente marítimo elegante, herencia de la época en que la burguesía bilbaína veraneaba aquí y dejó villas modernistas como recuerdo. Camina hasta el rompeolas para ver batir las olas contra los bloques; unos prismáticos compactos dan mucho juego para seguir a las aves marinas y a los barcos que entran a puerto. En días de temporal, el espectáculo del mar rompiendo contra el espigón es de los que se recuerdan.
Playas y calas para todos
Castro presume de playas urbanas y salvajes a partes iguales: la de Brazomar, la clásica de arena junto al paseo, perfecta para familias; la recogida cala de Ostende; y, a pocos kilómetros, arenales más abiertos como Oriñón, entre montes que caen al mar. Si te gusta caminar, los acantilados del entorno esconden sendas con vistas continuas al Cantábrico; con una mochila de día ligera con agua y algo de picar tienes plan para toda la mañana.
Dónde comer: cocina de puerto
Aquí se come mirando al mar y de temporada: rabas, sardinas y bocarte a la brasa, besugo, marmita y los caracolillos que son seña de identidad castreña. La zona del puerto y las calles del casco viejo concentran la mayor animación, con ambiente de pintxo y vermú que delata la vecindad vasca.
Cómo llegar y cuándo ir
Castro Urdiales está junto a la autovía A-8, a media hora de Bilbao y a unos 45 minutos de Santander, así que funciona tanto de escapada de fin de semana como de parada en ruta por la cornisa. En verano hierve de vida; en primavera y otoño se disfruta con calma, y en Semana Santa su tradicional Pasión Viviente llena las calles. En cualquier época, esto es el Cantábrico: mete una capa de lluvia plegable en la maleta y ningún chubasco te estropeará el paseo por el rompeolas.
Gótico junto al mar, puerto con vida y playas a pie de calle: pocas villas marineras ofrecen tanto en tan poco espacio. Castro Urdiales te espera con la mesa puesta y el faro encendido.
Foto: Javier Polanco · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons