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Escapada a Medinaceli, el balcón romano de Soria

El arco romano de triple arcada de Medinaceli recortado sobre el valle del Jalón

Pocas veces un pueblo resume tanta historia de España en tan poco espacio. Medinaceli, encaramado a un cerro sobre el valle del Jalón, en el sur de Soria, fue la Ocilis de los romanos, plaza fuerte de la frontera andalusí y cabeza de un poderoso ducado castellano. Hoy es una villa serena de piedra dorada donde cada esquina tiene mil años y las vistas quitan el aliento.

El arco romano, único en España

El símbolo de Medinaceli es su arco romano de triple arcada, levantado hacia los siglos I-II y el único de estas características que se conserva en la península. Plantado al borde del cerro, enmarca el valle del Jalón como una ventana monumental: no es casualidad que la señal de tráfico española que indica monumento se inspirase en él. Al atardecer, cuando la luz rasante enciende la piedra, es uno de los grandes espectáculos de Castilla.

Un paseo por dos mil años de historia

El casco histórico se recorre en un par de horas deliciosas:

  • La Plaza Mayor, amplia y porticada, con la alhóndiga renacentista y el palacio ducal de Medinaceli, hoy espacio de exposiciones.
  • La colegiata de Santa María, donde reposan miembros de la casa ducal.
  • La puerta árabe, vestigio de la Medina Salim musulmana que dio nombre al pueblo, y los restos del castillo, hoy cementerio con vistas.
  • Los mosaicos romanos que asoman en distintos puntos de la villa.

Aquí murió, cuentan las crónicas, el temido Almanzor en el año 1002, de regreso de su última campaña; su memoria sigue muy presente en la villa. Y los aficionados a la literatura reconocerán la comarca como tierra del Cantar de Mio Cid, cuya ruta pasa por estos páramos.

Consejos para la visita

Medinaceli son en realidad dos núcleos: la villa vieja, en lo alto del cerro, y el barrio de la estación, abajo junto a la nacional. Sube directamente al casco histórico y aparca en las inmediaciones de la entrada. Ten en cuenta que estás a más de 1.200 metros de altitud en pleno páramo soriano: el viento sopla casi siempre y las temperaturas caen en picado al ponerse el sol incluso en verano, así que un forro polar en la mochila nunca sobra. Para los madrugadores hay premio doble: los amaneceres con mar de niebla sobre el valle del Jalón son legendarios, y disfrutarlos junto al arco con un termo de café caliente es de esos momentos que justifican la escapada entera.

Alrededores y sabores

A un cuarto de hora queda el monasterio cisterciense de Santa María de Huerta, con un refectorio gótico impresionante, y hacia el norte el cañón del río Jalón y las salinas históricas de la comarca. En la mesa mandan las migas del pastor, el cordero, las setas de cardo en temporada y los dulces conventuales; el yogur y los productos de las granjas sorianas de la zona tienen fama merecida. Los senderos del entorno, como los que bajan al valle o siguen la calzada vieja, son sencillos, aunque el terreno pedregoso del páramo agradece unas botas de montaña ligeras.

Cómo llegar

Medinaceli está junto a la A-2, a unas dos horas de Madrid y a una de Soria capital, lo que la convierte en parada perfecta de cualquier ruta hacia Zaragoza o en escapada de fin de semana por derecho propio. En noviembre, además, la villa celebra ritos ancestrales de fuego que hunden sus raíces en siglos de tradición.

Roma, al-Ándalus, el Cid y los duques cabalgan juntos sobre este cerro soriano. Sube a Medinaceli, asómate a su arco y déjate llevar: dos mil años de historia te esperan con las puertas abiertas.

Foto: Diego Delso · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons