En el noroeste de la Región de Murcia, donde el Segura serpentea entre sierras calizas, Calasparra presume de algo insólito en el sureste español: arrozales. Este pueblo ribereño combina una denominación de origen única, un santuario excavado en la roca y uno de los cañones fluviales más espectaculares de la península. Una escapada redonda para amantes de la buena mesa y de la naturaleza.
El arroz de Calasparra, un tesoro con denominación de origen
El arroz de Calasparra fue de los primeros arroces del mundo en lograr una denominación de origen, y no es casualidad: aquí el cereal se cultiva a más de 300 metros de altitud, en terrazas regadas con el agua fresca del Segura y del Mundo. Ese ciclo lento hace que el grano —de las variedades bomba y balilla x sollana— absorba el caldo como pocos y quede siempre suelto y sabroso.
Para empaparte del tema, visita el Museo del Arroz, en el casco urbano, y acércate al coto arrocero: en verano las terrazas lucen de un verde intenso y hacia el final del estío llega la siega, cuando el paisaje se tiñe de dorado. Y por supuesto, siéntate a la mesa: los arroces calasparreños —con conejo y caracoles, con verduras de la huerta o con carnes de caza— son el mejor recuerdo que te llevarás. Muchos restaurantes del pueblo los bordan, y en las tiendas locales puedes comprar sacos de arroz con la etiqueta de la D.O. para prolongar la escapada en casa.
El santuario de la Virgen de la Esperanza
A unos kilómetros del pueblo, en un recodo del Segura, se esconde uno de los rincones más singulares de Murcia: el santuario de Nuestra Señora de la Esperanza, excavado en la pared de roca de una umbría junto al río. El templo rupestre, con sus capillas abiertas en la montaña y la pequeña imagen de la patrona —cariñosamente llamada la Pequeñica—, es lugar de peregrinación de toda la comarca. El entorno, con arboleda, merenderos y el rumor del agua, invita a quedarse un buen rato; es un paseo perfecto para hacer en familia.
Aventura en el cañón de Almadenes
Entre Calasparra y Cieza, el Segura se encajona en el cañón de Almadenes, un desfiladero de paredes verticales que superan en tramos los cien metros. Es uno de los grandes escenarios del turismo activo murciano: el descenso en rafting o piragua es apto para principiantes en condiciones normales y se contrata con empresas de actividades de la zona, que ponen el material y los guías. El cañón guarda además cuevas con arte rupestre declarado Patrimonio de la Humanidad, como los abrigos asomados al río, y la Cueva del Puerto, una de las mayores cavidades visitables de la región, ofrece recorridos turísticos guiados.
Algunos consejos para la jornada de río:
- Reserva la actividad con antelación en temporada alta y consulta el caudal, que depende de los desembalses.
- El sol del sureste no perdona ni en el agua: una crema solar resistente al agua y una gorra son tan importantes como el chaleco.
- Lleva calzado que se pueda mojar y una cantimplora con agua fresca para antes y después del descenso.
Qué ver en el casco urbano
El pueblo, de origen medieval, conserva los restos de su castillo en lo alto, la iglesia de San Pedro y la de los Santos Mártires, además de un agradable entramado de calles con sabor a interior murciano. Los alrededores suman parajes ribereños de gran belleza, con azudes, cotos de pesca y sotos donde el Segura recupera su cara más salvaje.
Cuándo ir y cómo llegar
La primavera y el comienzo del otoño son las mejores épocas: temperatura ideal para el río y el campo en plena forma; a finales de verano, además, coincide la siega del arroz. Calasparra está a poco más de una hora en coche de Murcia capital por la autovía del Noroeste y cuenta también con estación de tren en la línea que une la región con el interior peninsular.
Un arroz único, un santuario dentro de la roca y un cañón para bajarlo remando: Calasparra demuestra que la Murcia de interior sabe a gloria. Ven con hambre y con ganas de aventura.
Foto: Anidae · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons