A un paso de Astorga, en plena Maragatería leonesa, Castrillo de los Polvazares presume de ser uno de los pueblos mejor conservados de España. Sus calles empedradas de canto rodado y sus casas de piedra rojiza, levantadas por los legendarios arrieros maragatos, forman un conjunto histórico tan armonioso que parece un decorado. Y encima aquí se come uno de los platos más famosos de León: el cocido maragato.
El pueblo de los arrieros
Castrillo se recorre a pie, y no por capricho: los coches se quedan fuera, lo que ayuda a conservar intacta su atmósfera. La calle Real atraviesa el pueblo de punta a punta entre casas arrieras: viviendas sólidas de mampostería con grandes portones de medio punto, pensados para que entraran los carros y las recuas de mulas cargadas de mercancías. Fíjate en los colores vivos de puertas y ventanas, en los dinteles fechados y en las chimeneas troncocónicas.
Los arrieros maragatos fueron durante siglos los transportistas de confianza entre Galicia y la meseta: gentes serias y de palabra que movían pescado, embutidos y oro en caravanas de mulas. Aquella prosperidad levantó este pueblo, que más tarde inmortalizó la escritora Concha Espina en su novela La esfinge maragata. Completan el paseo la iglesia de Santa María Magdalena, un crucero de piedra y rincones fotogénicos en cada esquina.
El cocido maragato, un rito al revés
Si algo ha hecho célebre a Castrillo es su cocido maragato, y no solo por contundente, sino por su orden: se empieza por las carnes (hasta una decena de tipos distintos, del morcillo a la cecina pasando por el chorizo y la gallina), se sigue con los garbanzos y la berza, y se termina con la sopa. Dicen que la costumbre viene de los arrieros, que comían primero lo importante por si había que salir corriendo. Se sirve generalmente a mediodía, las raciones son épicas y los fines de semana es imprescindible reservar. Ve con hambre de verdad: es una experiencia tan gastronómica como cultural.
Paseos maragatos para bajar el cocido
La sobremesa pide caminar, y la Maragatería es terreno agradecido: llano, de encinares y urces, con caminos tranquilos que enlazan pueblos de la comarca como Santa Catalina de Somoza o Murias de Rechivaldo, por donde pasa el Camino de Santiago. Para estas caminatas suaves pero largas, unos bastones de trekking de aluminio marcan buen ritmo, y en los frescos atardeceres de la meseta leonesa se agradece llevar un termo para infusiones con algo caliente.
Datos prácticos y alrededores
- Cómo llegar: Castrillo está a unos 6 kilómetros de Astorga y muy cerca de la A-6; desde León capital se llega en unos 45 minutos.
- Cuándo ir: precioso todo el año; en invierno, con niebla o escarcha, la piedra gana un punto mágico, y el cocido sabe todavía mejor.
- Imprescindible cerca: Astorga, con su catedral, el Palacio Episcopal diseñado por Gaudí y sus mantecadas; y hacia el oeste, los pueblos de la Somoza camino del monte Teleno.
Castrillo de los Polvazares es una escapada corta pero de las que se recuerdan: piedra noble, historia de arrieros y una mesa que es patrimonio en sí misma. Reserva cocido y déjate llevar.
Foto: Rodelar · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons