Hay lugares que parecen inventados por un pintor con demasiada imaginación, y la bahía de Kotor es uno de ellos. Montañas grises que caen en picado sobre un mar azul intenso, pueblecitos de piedra pegados a la orilla y una ciudad amurallada que lleva siglos vigilando la entrada. Te proponemos una escapada al rincón más espectacular de Montenegro, ese que muchos llaman el fiordo del Adriático aunque, en realidad, sea una antigua ría excavada entre montañas.
Kotor, la ciudad amurallada
El casco antiguo de Kotor, Patrimonio de la Humanidad, es un laberinto delicioso de plazas, palacios venecianos e iglesias románicas donde perderse es obligatorio. Cruza la Puerta del Mar, saluda a los gatos —auténticos dueños de la ciudad, con museo propio incluido— y busca la catedral de San Trifón, con sus dos torres asimétricas. Al caer la tarde, cuando los cruceros se marchan, las callejuelas recuperan su ambiente de pueblo mediterráneo y las terrazas se llenan de conversación.
La subida a la fortaleza de San Juan
El gran clásico de Kotor es la subida a la fortaleza de San Juan por un sendero de unos 1.350 escalones que zigzaguea por la ladera. La panorámica de la bahía desde arriba es de las que se recuerdan toda la vida: el agua encajonada entre montañas, los tejados rojizos a tus pies y los veleros como puntos blancos. Sube a primera hora o al atardecer para evitar el calor, lleva agua de sobra y unas zapatillas cómodas para caminar, porque los escalones son irregulares y resbalan con el rocío de la mañana.
Perast y Nuestra Señora de las Rocas
A un cuarto de hora de Kotor te espera Perast, un pueblo de una sola calle con palacetes barrocos frente al agua. Desde su pequeño muelle salen barcas hacia Nuestra Señora de las Rocas, un islote artificial que los marineros fueron construyendo durante siglos arrojando piedras al mar tras cada travesía. La iglesia que lo corona, con su cúpula azulada, protagoniza la postal más famosa de Montenegro. Es uno de esos escenarios donde una cámara de fotos compacta se amortiza sola, sobre todo con la luz dorada del atardecer.
Una vuelta completa a la bahía
Si dispones de coche, la carretera que rodea la Boka Kotorska es un espectáculo continuo. Estas son las paradas que no deberías saltarte:
- Herceg Novi, en la bocana de la bahía, con sus fortalezas y sus escalinatas floridas.
- Risan, con mosaicos romanos sorprendentemente bien conservados.
- Tivat, la cara más moderna, con su puerto deportivo y sus paseos junto al mar.
- El mirador de la carretera de Lovćen, con sus curvas de infarto y la bahía entera a vista de pájaro.
Cuándo ir y cómo llegar
La primavera y el comienzo del otoño son las mejores épocas: temperaturas suaves, mar en calma y muchos menos cruceros. En pleno verano el calor aprieta y el casco antiguo se abarrota a mediodía. Para llegar, el aeropuerto de Tivat está a apenas diez minutos de la bahía, y el de Podgorica a hora y media; también puedes entrar por carretera desde Croacia. Si te gusta preparar los viajes a fondo, una guía de viaje de Montenegro te ayudará a completar la escapada con el interior del país, que guarda parques nacionales sorprendentes.
La bahía de Kotor es de esos destinos que superan cualquier foto. Ve, sube sus murallas, navega hasta el islote y déjate atrapar por el fiordo de los Balcanes: descubrirás que Montenegro ya no es ningún secreto, pero sigue sabiendo a descubrimiento.