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Arequipa y el cañón del Colca, la escapada blanca del sur de Perú

Arquitectura de sillar blanco de Arequipa con el volcán Misti al fondo

Entre tres volcanes y bajo un sol casi perpetuo, Arequipa presume de ser la ciudad más bella de Perú, y no le falta razón. Su centro de sillar blanco brilla como recién estrenado, y a unas horas te espera uno de los cañones más profundos del planeta, donde los cóndores vuelan a la altura de tus ojos.

La ciudad blanca

El corazón de Arequipa es su Plaza de Armas, una de las más elegantes de Sudamérica: soportales de dos pisos, palmeras y la catedral ocupando todo un flanco, con el volcán Misti asomando detrás. Todo el casco histórico está construido en sillar, la piedra volcánica blanca que da nombre a la ciudad, y pasear al atardecer, cuando la piedra se tiñe de dorado, es un espectáculo gratuito.

No te pierdas los claustros de la Compañía, el mirador de Yanahuara con sus arcos enmarcando el Misti, ni el museo donde descansa la momia Juanita, la niña inca hallada en la cumbre del Ampato.

Santa Catalina, una ciudad dentro de la ciudad

El monasterio de Santa Catalina merece capítulo aparte: una ciudadela conventual de más de 20.000 metros cuadrados con callejuelas pintadas de añil y almagre, patios con geranios y celdas que se visitan como casas. Fundado en el siglo XVI, estuvo cerrado al mundo durante cuatro siglos. Ve a primera hora o al final del día, cuando la luz es más bonita y hay menos grupos.

El cañón del Colca y el vuelo del cóndor

A unas tres o cuatro horas de carretera, el valle del Colca despliega terrazas preincaicas, pueblos con iglesias coloniales como Yanque o Maca, y aguas termales donde quitarse el frío del altiplano. La cita grande es la Cruz del Cóndor: a media mañana, las corrientes térmicas elevan a los cóndores desde el fondo del cañón y los ves planear a pocos metros, con sus tres metros de envergadura. Un momento que pone la piel de gallina.

En el trayecto se superan pasos de casi 5.000 metros, con vicuñas pastando en la pampa y un frío serio al amanecer: un gorro y guantes térmicos dejan de parecer exagerados en cuanto bajas del coche en el mirador de los volcanes.

Trekking hasta el fondo del cañón

Si te va el senderismo, hay rutas de dos o tres días que bajan hasta el oasis de Sangalle, entre palmeras y pozas, durmiendo en pueblos como Cabanaconde. La subida de vuelta, más de mil metros de desnivel, exige piernas y madrugón, pero es una de las caminatas más gratificantes de Perú. Para estas rutas viaja ligero con una mochila de trekking cómoda y no escatimes en agua ni en protector labial solar: el aire seco de la sierra no perdona.

Picanterías: la despensa arequipeña

  • Rocoto relleno: el emblema local, picante y sabroso, con su pastel de papa.
  • Chupe de camarones: sopa contundente de camarones de río, el plato de los domingos.
  • Adobo arequipeño: cerdo marinado en chicha que se toma tradicionalmente en desayuno.
  • Queso helado: pese al nombre, un postre de leche, coco y canela que se vende en las plazas.

Cuándo ir

Arequipa disfruta de sol casi todo el año; de diciembre a marzo llueve algo más en el Colca. La ciudad está a 2.300 metros, altura amable para aclimatarse antes de subir al valle, así que es una etapa perfecta antes de Cusco o el altiplano. Blanca, volcánica y golosa: Arequipa te va a conquistar por todos los frentes.