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Alarcón, la fortaleza abrazada por la hoz del Júcar

Panorámica de Alarcón (Cuenca) sobre el peñón rodeado por la hoz del río Júcar, con su castillo medieval

Pocas estampas hay en España tan espectaculares como la de Alarcón: un pueblo medieval encaramado a un peñón que el río Júcar rodea casi por completo, formando una hoz profunda que sirvió de foso natural durante siglos. Esta pequeña villa conquense, con apenas un puñado de vecinos, concentra murallas, torreones, iglesias monumentales y uno de los paradores más bonitos del país.

Un castillo convertido en parador

En lo más alto del promontorio se alza el castillo de Alarcón, una fortaleza de origen andalusí reforzada tras la conquista cristiana que hoy alberga el Parador Marqués de Villena. Aunque no te alojes en él, merece la pena acercarse a contemplar su torre del homenaje y las vistas sobre la hoz. Dormir entre sus muros, eso sí, convierte la escapada en una experiencia inolvidable, perfecta para una ocasión especial.

La historia de la villa está llena de épica: cuentan que en 1184, durante el asedio de Alfonso VIII, el caballero Fernán Martínez de Ceballos escaló las murallas clavando dos puñales en la piedra, hazaña que le valió tomar el apellido Alarcón.

Murallas, torres y un urbanismo medieval intacto

El sistema defensivo de Alarcón va mucho más allá del castillo: la villa conserva recintos amurallados y torres avanzadas que vigilaban los accesos y los meandros del río, además de puertas fortificadas por las que aún se entra al pueblo. Dentro, las calles empedradas conducen a la plaza principal, presidida por la iglesia de Santa María, joya renacentista con una portada plateresca y un magnífico retablo.

El secreto mejor guardado: las pinturas de Alarcón

La sorpresa mayúscula espera en la antigua iglesia de San Juan Bautista: sus muros interiores están cubiertos por un impresionante conjunto de pintura mural contemporánea, obra del artista Jesús Mateo, que ha recibido el respaldo de la UNESCO. El contraste entre el templo medieval y este arte monumental moderno deja sin palabras a quien lo visita, y por sí solo justifica la escapada.

Rutas por la hoz del Júcar

Alrededor del pueblo hay senderos que recorren la hoz y suben a los miradores desde los que se aprecia el increíble abrazo del río. Son paseos cortos pero con tramos pedregosos, así que conviene calzarse unas zapatillas de senderismo y llevar una cantimplora de acero inoxidable con agua fresca, porque en la zona apenas hay sombra. Al atardecer, la luz sobre el cañón y las murallas es pura magia.

Consejos prácticos para tu visita

  • Cómo llegar: Alarcón está junto a la autovía A-3, a unas dos horas de Madrid y menos de una de Cuenca capital.
  • Cuándo ir: primavera y otoño son ideales; en invierno el pueblo, casi vacío, tiene un encanto melancólico irresistible.
  • Qué comer: cocina conquense de caza y matanza, con platos como el morteruelo, los zarajos o el ajoarriero.
  • Cuánto tiempo: medio día basta para verlo, pero una noche en la villa, con sus calles en silencio, es otra cosa.

Alarcón es historia viva suspendida sobre el Júcar, un rincón donde el tiempo se detuvo hace siglos. Escápate en pareja, pasea sus murallas al caer la tarde y entenderás por qué enamora a todo el que lo pisa.

Foto: Armando Gonzalez Alameda · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons