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Lastres, el pueblo asturiano asomado al mar desde un balcón

Vista del pueblo de Lastres, en la costa de Asturias, con sus casas escalonadas sobre el puerto

Hay pueblos que se construyen mirando al mar y otros que parecen haberse tirado al agua de cabeza. Lastres es de los segundos: sus casas se descuelgan por una ladera tan empinada que las calles funcionan casi como escaleras, y abajo, al final de todo, espera un puerto pesquero que sigue faenando. Está en el concejo de Colunga, entre Villaviciosa y Ribadesella, y basta media hora paseando para entender por qué aparece siempre en las listas de los pueblos más bonitos de España.

Un pueblo que se recorre cuesta abajo

La gracia de Lastres es precisamente su desnivel. Se deja el coche arriba, junto a la carretera, y a partir de ahí todo es bajar entre callejones de piedra, balcones de madera y casonas indianas de las que levantaron los que volvieron de América. Por el camino aparecen la iglesia de Santa María de Sábada y el reloj de sol de la torre, y de vez en cuando un hueco entre dos casas devuelve el mar de golpe.

Conviene avisar de lo evidente: lo que se baja hay que subirlo. Las cuestas son serias y el empedrado resbala con la humedad del norte, así que ven con calzado con suela, no con sandalias de playa. Unas zapatillas de trekking impermeables resuelven a la vez las cuestas del pueblo y los senderos de los alrededores.

El mirador de San Roque, la postal

La imagen que has visto de Lastres está tomada desde la ermita de San Roque, un balcón sobre el acantilado al que se llega andando desde el pueblo en unos minutos. Desde ahí se ve el caserío escalonado, el puerto abajo y, si el día acompaña, la sierra del Sueve al fondo y los Picos de Europa asomando detrás. Es un sitio para ir al atardecer y quedarse un rato.

Merece la pena bajar también hasta el puerto, que no es un decorado: aquí siguen entrando barcos y descargando pescado. Da igual la hora, siempre hay alguien remendando redes o mirando el agua con esa calma que en la ciudad se ha perdido.

La costa de los dinosaurios

Este tramo del litoral asturiano se llama Costa de los Dinosaurios, y no es una licencia turística: en los acantilados que van de Gijón a Ribadesella hay cientos de huellas y restos fósiles del Jurásico. A las afueras de Lastres, el Museo del Jurásico de Asturias tiene forma de huella tridáctila vista desde el aire y es una de esas visitas que funcionan igual de bien con niños que sin ellos.

Muy cerca queda la playa de La Griega, con su arenal amplio y sus icnitas —huellas fosilizadas— en la roca del extremo oriental. Hay que ir con la marea baja para verlas bien; el mismo consejo vale para casi toda la costa asturiana, así que consulta las tablas de mareas antes de plantarte allí.

Qué comer

Estás en un puerto pesquero del Cantábrico, así que la respuesta es sencilla: lo que haya entrado esa mañana. Pixín, virrey, oricios en temporada y unas fabes con almejas que aquí se toman en serio. La sidra se escancia sin que haga falta pedirlo, y de postre el arroz con leche requemado es innegociable.

  • Si vas en verano, reserva: el pueblo es pequeño y los comedores con vistas al puerto se llenan.
  • Los oricios (erizos de mar) tienen temporada de invierno; fuera de ella, no los busques.
  • El queso de la zona da para llevarse algo a casa: Casín, Gamonéu, Afuega'l pitu.

Alrededores para estirar la escapada

Lastres se ve en una mañana, pero da para un fin de semana entero si se usa como base. La sierra del Sueve, a un paso, tiene la mejor panorámica de la costa y una manada de asturcones, los caballos pequeños de la región, sueltos por el monte. La playa de La Isla y la de Vega, en Ribadesella, están a un rato en coche. Y hacia el otro lado, Villaviciosa y su ría son un paraíso de aves.

Para el mirador y para la ría vale la pena llevar unos prismáticos compactos: pesan poco y aquí se usan de verdad, con los asturcones a media ladera y las aves en la marisma.

Cuándo ir y cómo llegar

Asturias es verde porque llueve, y eso no cambia en agosto. La primavera tardía y el principio del otoño dan los mejores días y muchísima menos gente que julio y agosto; el invierno tiene un encanto áspero, con el mar bravo golpeando el espigón. En cualquier época, un chubasquero impermeable ligero en la mochila te ahorrará más de un disgusto: aquí el cielo cambia en veinte minutos.

Se llega en coche por la A-8, con Gijón y Oviedo a menos de una hora. El aeropuerto de Asturias y la estación de tren de Oviedo son las puertas de entrada si vienes de lejos, y desde cualquiera de las dos conviene alquilar coche: lo bueno de esta costa está entre pueblo y pueblo.

Lastres no necesita que le añadas nada. Bajas las cuestas, te asomas al puerto, subes a San Roque a ver cómo se pone el sol detrás de la sierra y entiendes por qué la gente vuelve. Si buscas una escapada de las que se recuerdan sin haber cruzado ninguna frontera, ponla en la lista.