En medio del mar de cereal de la Llanada Alavesa, con la sierra de Entzia a un lado y las cumbres de Aizkorri al otro, Agurain —Salvatierra en castellano— lleva más de siete siglos vigilando el paso entre la meseta y el Cantábrico. Fundada por el rey Alfonso X el Sabio en el siglo XIII sobre una aldea anterior, esta villa amurallada es uno de los conjuntos medievales mejor conservados del País Vasco y, sin embargo, sigue siendo una gran desconocida. Mejor para ti: la disfrutarás casi en exclusiva.
Una villa entre dos iglesias-fortaleza
El casco histórico de Agurain es un óvalo alargado protegido por lienzos de muralla y rematado en sus extremos por dos templos que son pura contundencia: Santa María, al norte, y San Juan Bautista, al sur. Ambas son iglesias-fortaleza, integradas en la propia defensa de la villa, con muros que hablan más de castillo que de parroquia; en Santa María destaca además un notable retablo renacentista. Entre una y otra corren tres calles medievales paralelas —Mayor, Carnicerías y Zapatari— cosidas por cantones estrechos, flanqueadas por casonas blasonadas, soportales y algún palacio renacentista. Un incendio arrasó la villa en el siglo XVI, y la reconstrucción posterior le dio ese aire armonioso de piedra dorada que conserva hoy.
Tras las huellas del Camino de Santiago
Por la calle Mayor de Agurain pasa desde hace siglos el Camino de Santiago por la vía de Bayona, el itinerario que cruzaba los Pirineos por el oeste y buscaba la meseta por el túnel de San Adrián, un espectacular paso natural horadado en la roca de la sierra que ya usaban reyes, comerciantes y peregrinos medievales. La excursión hasta el túnel, entre hayedos y calzadas históricas, es una de las mejores caminatas de Álava y se puede abordar desde los pueblos cercanos de la Llanada. En estas sierras el tiempo cambia deprisa incluso en verano, así que echa a la mochila un chubasquero impermeable ligero antes de ponerte a andar.
Dólmenes al alcance de un paseo
La Llanada lleva habitada miles de años, y Agurain lo demuestra con dos monumentos megalíticos a un paso del casco urbano: el dolmen de Sorginetxe, en Arrizala, con sus grandes losas verticales plantadas como por arte de magia —su nombre significa «casa de brujas»—, y el de Aizkomendi, en Eguílaz, uno de los mayores del País Vasco. Ambos se alcanzan con paseos llanos y sencillos entre campos de cereal, perfectos para hacer con niños y para entender cuánta historia acumula esta llanura silenciosa.
Sabores de la Llanada
- Cocina alavesa de interior: alubias, patatas con chorizo y guisos contundentes de tierra fría.
- Producto local: la comarca es tierra de cereal, legumbre y buena huerta, con la trufa y la miel de las sierras cercanas como tesoros de temporada.
- Pintxos y vinos de Rioja Alavesa: en las tabernas de la villa no faltan, que Álava juega con ventaja.
Consejos para la visita
Agurain está a menos de media hora de Vitoria-Gasteiz por autovía y también cuenta con estación de tren, así que es una escapada muy sencilla de organizar. La villa se recorre a pie en una mañana tranquila, pero la gracia está en combinarla con los dólmenes, el túnel de San Adrián o los pueblos de la Llanada; una guía de viaje del País Vasco te ayudará a montar la ruta a tu medida. Si puedes, ven en otoño, cuando los hayedos de Entzia se encienden de cobre, o durante sus fiestas y ferias tradicionales, cuando la villa recupera su papel de mercado de la comarca.
Murallas doradas, calles que huelen a Edad Media y horizontes de cereal: Agurain es la prueba de que el País Vasco más sorprendente no siempre mira al mar. Cruza sus puertas y quédate un rato: la Llanada premia a quien va sin prisa.
Foto: Mentxuwiki · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons