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Un fin de semana en Prades, la vila vermella de Tarragona

Plaza porticada de piedra rojiza de Prades, la vila vermella, en las montañas de Tarragona

A casi mil metros de altitud, en lo alto de las montañas que llevan su nombre, Prades sorprende al viajero con un casco antiguo teñido de rojo: la piedra arenisca de sus casas y murallas le ha valido el sobrenombre de la vila vermella, la villa roja. Esta localidad del Baix Camp, en la provincia de Tarragona, es fresca en verano, serena en invierno y perfecta para un fin de semana de montaña con sabor.

La plaza Mayor y su fuente esférica

El centro de la vida local es la plaza Mayor, porticada y de un rojizo fotogénico a cualquier hora, con la curiosa fuente renacentista de la bola en el centro: una esfera de piedra de la que mana el agua, único ejemplar de este tipo que se conserva junto al de otro famoso jardín renacentista europeo, según cuentan con orgullo los vecinos. Alrededor, los soportales acogen terrazas y comercios de productos de la tierra.

Completa el paseo con la iglesia de Santa Maria la Major, que combina una sobria portada románica con el interior gótico, los restos del castillo y los lienzos de muralla y portales que recuerdan el pasado fronterizo de la villa, cabeza histórica del antiguo condado de Prades.

La ermita de la Abellera y otros miradores

A un corto paseo del pueblo, encajada literalmente bajo una visera de roca en plena montaña, te espera la ermita de la Mare de Déu de l'Abellera, uno de esos santuarios que parecen imposibles. La caminata es corta y las vistas sobre la villa roja y las sierras del entorno, inmensas. Es el aperitivo perfecto de las Muntanyes de Prades, un macizo de pinares, roquedos y fuentes surcado de senderos señalizados para todos los niveles: mete el almuerzo y una chaqueta en la mochila de día y elige ruta, que hay para aburrir. A esta altitud el sol pega fuerte incluso en invierno, así que no olvides unas gafas de sol de montaña.

Patatas, setas y castañas: la despensa de Prades

La altitud y el clima hacen de Prades una despensa singular:

  • Las patatas de Prades, con distintivo de calidad propio, cultivadas en tierras altas y famosas en toda Cataluña; en otoño la villa les dedica su gran fiesta.
  • Setas a espuertas cuando llegan las lluvias: la zona es un santuario boletaire.
  • Castañas, miel y embutidos de montaña que encontrarás en las tiendas del pueblo.

Cualquier mesón local te servirá estas patatas guisadas, al horno o acompañando carnes a la brasa. Un festín sencillo y honesto, como el propio pueblo.

Alrededores para redondear la escapada

Prades es una base estupenda para explorar la comarca: los pinares y áreas recreativas del macizo, los pueblecitos de montaña del entorno y, bajando hacia la Conca de Barberà, el monasterio de Poblet, joya del Císter y panteón real, a media hora escasa en coche. En invierno no es raro que la nieve espolvoree los tejados rojos, y la estampa es de calendario: si te gusta la fotografía, este pueblo cambia de cara con cada estación y bien merece hueco para la cámara de fotos.

Cómo llegar

Prades queda a algo menos de una hora de Reus y Tarragona y a una hora y media larga de Barcelona, por carreteras de montaña panorámicas. Precisamente por la altitud, lleva siempre una capa de abrigo: aquí refresca hasta en agosto, que es parte de su encanto veraniego.

Roja por fuera, verde alrededor y sabrosa por dentro: así es Prades. Reserva un fin de semana, ven con hambre y con ganas de caminar, y déjate conquistar por la villa roja.

Foto: Maximodelaiglesia · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons