En el norte de Lanzarote, lejos del bullicio de las playas del sur, un mar de palmeras llena de verde un valle inesperado: es Haría, el pueblo que enamoró a César Manrique hasta el punto de elegirlo para vivir sus últimos años. Casas blancas de puertas verdes, plazas con sombra de laurel de Indias y un ritmo que invita a quedarse.
El valle de las mil palmeras
Cuenta la tradición que en Haría se plantaba una palmera por cada niño que nacía (y dos por cada niña, según la versión), y así el valle acabó convertido en el mayor palmeral de Lanzarote. La mejor manera de abarcarlo es asomarse a los miradores de la carretera LZ-10, que sube desde Teguise trazando curvas de escándalo: desde el mirador de los Valles y el mirador de Haría el pueblo aparece como un oasis entre montañas ocres. El contraste entre el verde de las palmeras y el negro de los volcanes es puro Lanzarote.
Tras los pasos de César Manrique
La visita imprescindible es la Casa-Museo César Manrique, la antigua finca entre palmeras que el artista rehabilitó y donde residió hasta su muerte en 1992; se conserva tal cual la dejó, con su taller lleno de pinceles y proyectos a medias. Manrique está enterrado en el sencillo cementerio del pueblo, y su huella se nota en cada rincón de este municipio: suya es también la reconversión del Mirador del Río, el balcón excavado en el Risco de Famara que se asoma al islote de La Graciosa, en el extremo norte del municipio. Entre miradores, palmerales y fachadas blancas, aquí una cámara compacta de viaje trabaja horas extra.
Mercadillo artesano y sabores del norte
Si puedes, cuadra la visita en sábado por la mañana, cuando la plaza de Haría acoge su mercadillo de artesanía y productos locales: cestería, cerámica, queso, vino de La Geria, cochinilla teñida y dulces caseros, con música en directo muchas semanas. Es de los mercadillos con más encanto de Canarias y la mejor excusa para desayunar despacio bajo los árboles de la plaza León y Castillo.
Jameos, cuevas y piscinas naturales
El municipio de Haría concentra buena parte de los grandes tesoros del norte de la isla:
- Jameos del Agua: el tubo volcánico convertido por Manrique en auditorio y jardín, con su lago de cangrejos ciegos albinos.
- Cueva de los Verdes: kilómetros de galerías volcánicas con un secreto final que no te destripamos.
- Punta Mujeres y Arrieta: pueblos marineros con piscinas naturales de agua turquesa entre coladas de lava.
- Órzola: el puerto desde donde zarpan los barcos a La Graciosa y las playas de arena blanca de los Caletones.
En Lanzarote el sol no perdona y la brisa disimula la quemadura: una crema solar resistente al agua es obligatoria si vas a alternar chapuzones en las piscinas naturales con paseos al descubierto, y una gorra con protección solar te hará el día mucho más llevadero en los miradores del Risco, donde el alisio sopla con ganas.
Cómo llegar y consejos prácticos
Haría está a unos 35-40 minutos en coche del aeropuerto de Lanzarote; la ruta más espectacular es la LZ-10 por Los Valles, y puedes volver por la costa de Arrieta para cerrar un anillo perfecto. El pueblo se recorre a pie en una mañana tranquila, pero el municipio da para el fin de semana entero. Madruga para ver el palmeral con la primera luz y guarda la tarde para un baño sin prisas en Punta Mujeres.
Haría es el Lanzarote sereno, el de las palmeras, el arte y los pueblos blancos junto a la lava. Una escapada para bajar revoluciones y entender por qué Manrique no quiso vivir en ningún otro sitio.
Foto: Chmee2 · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons