Probablemente mi jornada por la selva de Ecuador haya sido uno de los mejores días de mi vida. Nos solo por admirar lo maravillosa que puede llegar a ser la naturaleza, si no por varios factores que completaron este día de tanto movimiento y experiencias.
Nos trasladamos en furgoneta un grupo de personas de diferentes países desde Baños directos a la Amazonía. En él nos encontrábamos mi amiga Ana y yo de España, un grupo de alemanes que llevaban días recorriendo el país, dos chicos estadounidenses, un chico del propio Ecuador y una pareja de argentinos, todos jóvenes y con ganas de aventuras.
Nuestro guía era nativo de una comunidad indígena de la selva, así que nos mostró prácticamente toda su esencia…
En el recorrido, al principio pudimos ver varios animales exóticos como monos, cocodrilos, tortugas terrestres o tigres en una reserva natural, eso sí, enjaulados, algo que no nos gustó a muchos de nosotros.
Después nos introducimos en la propia selva y anduvimos horas y horas hasta completar la ruta. Visitamos una comunidad de indígenas en que sólo pudimos ver a las mujeres y los niños, ya que ellas fueron las que nos ofrecieron “la chicha”, una bebida blanca bastante amarga que para ellos simboliza sus tradiciones más profundas. De echo, hacen de ella un evento sagrado y lo ofrecen a la tierra madre para obtener un buen resultado. Además nuestro guía nos habló de las culturas indígenas y nos enseñó a tirar con cerbatana, algo que nos divirtió a todos.
De expedición por la selva, nuestro guía nos mostró las diferentes características que pueden tener las plantas, los propios habitantes de las comunidades las emplean para pintarse, adornarse, e incluso en forma de tatuaje. Además caímos muchos de nosotros en sus bromas, una de ellas, fue meterme de lleno en el fango, al igual que la chica argentina. Así que los compañeros de grupo nos tuvieron que ayudar. ¡Un espectáculo!
Otra experiencia que me impacto, fue cuando el guía me puso la mano debajo de un árbol muy alto que le rodeaba una capa entre negra y roja que no tenía muy claro que era, cogió un palo, rasco la capa y cayeron millones de hormigas de todos los tamaños sobre mi, al principio fui reacia, después confié en él…
¡Ah se me olvidaba! Dentro de nuestra experiencia en la selva, pudimos coger una canoa y navegar por un afluyente del río Amazonas, lo disfrutamos mucho e hicimos grandes fotos.
Ya casi al final de nuestra experiencia, llegamos a una especie de precipicio, donde encontramos una cuerda con un palo de madera colgada de un árbol en forma de columpio, con el objetivo de lanzarnos y volar. Más de la mitad del grupo se negó a probarlo, ya que no había ningún tipo de arnés ni seguridad básica, pero el guía dijo que era 99% seguro ¿Tendría muy mala suerte si me toca el 1% no? Así que tanto mi amiga como yo nos tiramos. ¡Una pasada!
Para finalizar las horas de caminata y experiencias varias, acabamos todos en una enorme cascada bañándonos, sonriendo y disfrutando de este día tan especial. Nos hicimos todos tan amigos, que a la vuelta compramos cervezas, subimos la música en la furgoneta y decimos bailar hasta la vuelta a Baños, donde nos reunimos todos para cenar.
Hoy en día hemos hecho un gran grupo de amigos gracias a esta ruta tan maravillosa, y desde España tenemos un bonito apego hacia nuestro grupo de alemanes, a nuestra parejita amorosa de argentina y como no, al país del Ecuador y a su habitantes...

















