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Tasmania en primavera: bosques milenarios y bahías de cine

Vista de Wineglass Bay en Tasmania, con su playa curva de arena blanca rodeada de montañas y bosque

Al sur de Australia, separada del continente por un estrecho famoso por su mal genio, hay una isla del tamaño de Irlanda donde casi la mitad del territorio está protegido. Tasmania es montaña, bosque húmedo, playas de arena blanquísima y pueblos coloniales de piedra. Y ahora, con la primavera austral empezando a despertar, es el momento en que los senderos se llenan de flores y los días se alargan sin la multitud del verano.

Hobart, la puerta de entrada

La capital es pequeña, portuaria y sorprendentemente sofisticada. Se recorre a pie en un par de días: los almacenes georgianos de Salamanca Place, el barrio de Battery Point con sus casitas de madera y el ambiente del puerto de Sullivans Cove, donde amarran los barcos que van a la Antártida. Sube al monte Wellington (kunanyi para los aborígenes palawa) por carretera o a pie: desde arriba entenderás de golpe la geografía de la isla, con el río Derwent serpenteando hacia el mar.

No te pierdas el MONA, un museo de arte contemporáneo excavado en la roca a las afueras, al que se llega en un ferry con vacas de plástico en cubierta. Es provocador, irreverente y probablemente lo más comentado de toda Australia.

La costa este: Wineglass Bay y Bay of Fires

Desde Hobart, la carretera hacia el norte bordea una costa de agua turquesa. El plato fuerte es el Parque Nacional Freycinet: un mirador a media hora de caminata te regala la vista de Wineglass Bay, esa media luna perfecta de arena blanca entre montañas de granito rosado. Si tienes fuerzas, sigue bajando hasta la playa y cruza el istmo para hacer el circuito completo, unas cuatro o cinco horas entre bosque bajo y dunas.

Más al norte espera Bay of Fires, donde las rocas cubiertas de líquenes de color naranja intenso contrastan con el mar. Es un lugar para conducir despacio, parar en cada desvío y acabar montando un pícnic en cualquier ensenada vacía. El terreno es irregular y a menudo húmedo, así que unas botas de trekking impermeables te salvarán más de una jornada de barro y roca resbaladiza.

El corazón salvaje: Cradle Mountain

En el interior, el Parque Nacional Cradle Mountain-Lake St Clair concentra la Tasmania más fotografiada: la silueta dentada de la montaña reflejándose en el lago Dove, bosques de hayas antárticas y ualabíes pastando al atardecer. La vuelta al lago Dove es un paseo asequible de unas dos horas sobre pasarelas de madera, perfecto también en familia. Los más ambiciosos encadenan aquí el Overland Track, seis días de travesía hacia el sur que requieren reserva y equipo serio.

Un aviso importante: aquí el tiempo cambia cuatro veces en una tarde y en primavera aún puede nevar en cotas altas. Viaja siempre por capas y con un chubasquero impermeable transpirable en la mochila, aunque salgas de casa con sol.

Historia, fauna y rincones con memoria

  • Port Arthur: la antigua colonia penal en la península de Tasman, hoy Patrimonio de la Humanidad. Ruinas melancólicas frente a un mar precioso; conviene dedicarle medio día largo.
  • Bruny Island: a un corto ferry de Hobart, con acantilados, faro y productores locales de queso, ostras y whisky.
  • Fauna: al amanecer y al anochecer verás ualabíes, wómbats, equidnas y, con suerte y en santuarios especializados, el famoso demonio de Tasmania.
  • Strahan y el río Gordon: en la costa oeste, navegación entre bosques templados lluviosos donde el agua es del color del té por los taninos.

Qué comer

Tasmania presume, y con razón, de despensa. Ostras de bahías frías, vieiras, salmón, abulón y el crayfish (langosta de roca) que se pide en las lonjas flotantes del puerto. En el interior manda el cordero, los quesos artesanos y las manzanas: la isla se llamó durante décadas "la isla de las manzanas". Los vinos fríos del valle de Tamar y del Coal River (pinot noir y espumosos, sobre todo) están entre los mejores de Australia, y las destilerías de whisky de malta han ganado premios internacionales.

Consejos prácticos

  • Cómo llegar: vuelos desde Melbourne o Sídney a Hobart o Launceston, o el ferry nocturno desde Melbourne si viajas con vehículo.
  • Moverse: coche de alquiler, sin discusión. El transporte público entre parques es escaso. Ojo con la fauna al volante al anochecer.
  • Duración: diez días permiten un circuito cómodo; con una semana, céntrate en Hobart y la costa este.
  • Electricidad: los enchufes australianos son de tipo I, así que necesitarás un adaptador de enchufe para Australia.
  • Sol: la radiación ultravioleta es muy alta pese al fresco; gorra y protección solar alta son obligatorias.

Tasmania recompensa a quien va sin prisa: kilómetros de carretera vacía, playas para ti solo y esa sensación rara de estar en el último trozo de tierra antes del hielo. Si buscas naturaleza de verdad en tu próximo gran viaje, la isla te está esperando.