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Georgia en otoño: Tiflis, Kazbegi y el vino de Kajetia

Iglesia de la Trinidad de Gergeti sobre las montañas del Cáucaso en Georgia

Hay países que te conquistan por acumulación: un balcón de madera torcido, un monasterio recortado sobre glaciares, una mesa que no deja de llenarse de platos. Georgia, encajada entre el Cáucaso y el mar Negro, es exactamente eso. Y el principio del otoño, con la vendimia en marcha y las montañas ya doradas, es probablemente el mejor momento para recorrerla.

Tiflis, la capital más desordenada y encantadora del Cáucaso

Tiflis (Tbilisi) se disfruta sin plan. El casco viejo es un laberinto de callejones donde conviven iglesias ortodoxas, una sinagoga, una mezquita y los baños de azufre de Abanotubani, con sus cúpulas de ladrillo asomando del suelo como hornos. Un baño en una de sus salas privadas, con el agua caliente oliendo a mineral, es el mejor remedio después de un día de caminata.

Sube al monte Mtatsminda en el funicular para ver la ciudad entera desde arriba, cruza el puente de la Paz hacia el barrio de Avlabari y dedica una mañana al barrio de Sololaki, con sus portales modernistas y escaleras de caracol de madera. Al caer la tarde, la zona de Fabrika y los patios interiores del centro se llenan de gente joven, música y terrazas: Tiflis tiene una vida nocturna sorprendentemente potente para su tamaño.

Kazbegi: montañas de película a tres horas de la capital

La Carretera Militar Georgiana sube hacia el norte entre embalses de color turquesa, fortalezas y pueblos de piedra hasta Stepantsminda, en el valle de Kazbegi. Allí, sobre un promontorio y con el monte Kazbek de fondo (más de 5.000 metros), está la iglesia de la Trinidad de Gergeti, quizá la imagen más repetida del país y aun así impresionante en persona.

Puedes llegar en 4x4 compartido, pero merece la pena subir andando: hora y media larga de sendero con desnivel constante. En otoño el tiempo cambia rápido y el barro es la norma, así que ve con botas de trekking impermeables y un chubasquero cortavientos ligero en la mochila; a media mañana puede hacer sol y a las cinco de la tarde estar cayendo aguanieve en las cotas altas.

Si te sobran días, el valle de Juta y las praderas de Truso son alternativas más solitarias para caminar, con casas de piedra y torres defensivas medievales.

Kajetia, la cuna del vino

Al este de Tiflis se abre Kajetia, una llanura de viñedos con el Cáucaso al fondo. Aquí se elabora vino desde hace unos 8.000 años y todavía se hace en qvevri: enormes vasijas de barro enterradas donde el mosto fermenta con pieles y raspón. El resultado son esos vinos ámbar, tánicos y algo salvajes que no se parecen a nada que hayas probado en Europa occidental.

  • Sighnaghi, un pueblo amurallado con casas de tejados rojos y balcones sobre el valle de Alazani. Ideal para dormir una noche.
  • Telavi, capital de la región y buena base para visitar bodegas familiares donde te reciben en el patio de casa.
  • Monasterio de Alaverdi, con su catedral altísima y su propia tradición vinícola monástica.
  • Uvas locales: pide un saperavi tinto y un rkatsiteli ámbar para entender el contraste.

Qué comer: la mesa georgiana es medio viaje

La comida georgiana es un motivo suficiente para coger el avión. Empieza por el khachapuri, el pan relleno de queso (el adjaruli llega en forma de barca con un huevo encima), sigue con los khinkali, empanadillas jugosas que se comen con la mano y sin derramar el caldo, y no te pierdas los platos de nueces: badrijani nigvzit (rollitos de berenjena) o pkhali. De postre, churchkhela: nueces ensartadas y bañadas en mosto, esas ristras de colores que verás colgando en todos los mercados.

Si te invitan a una supra, el banquete tradicional dirigido por un tamada que propone brindis interminables, acepta. Es la forma más rápida de entender el país.

Consejos prácticos

  • Cómo llegar: hay vuelos desde varias ciudades europeas a Tiflis y Kutaisi, casi siempre con escala. Muchos aterrizan de madrugada.
  • Moverse: las marshrutkas (minibuses) conectan casi todo, son baratísimas y salen cuando se llenan. Para el Cáucaso, compartir un taxi entre cuatro suele salir muy bien de precio.
  • Enchufes: los mismos que en España, así que te ahorras el adaptador.
  • Idioma: el alfabeto georgiano es precioso e ilegible al principio; llevar una guía de viaje de Georgia con nombres transcritos ayuda más de lo que parece a orientarse en carteles y menús.
  • Presupuesto: es uno de los destinos más asequibles del continente; comer bien y dormir en guesthouses familiares cuesta poco.

Diez días bastan para juntar capital, montaña y viñedos sin agobios. Y te aviso: casi todo el mundo vuelve de Georgia diciendo lo mismo, que se quedó corto de días. Tú decides si caes en la trampa.