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Tabarca, la única isla habitada de la Comunidad Valenciana

Vista de la isla de Tabarca con sus casas junto al mar, la iglesia de San Pedro y San Pablo y aguas turquesas

Frente a las costas de Santa Pola y Alicante emerge un islote llano y alargado con una historia de piratas, colonos genoveses y pescadores: Tabarca, la única isla habitada de la Comunidad Valenciana. Pequeña, amurallada y rodeada de aguas transparentes, es una de esas escapadas de un día que saben a aventura.

Una isla con historia de novela

Tabarca fue durante siglos refugio de piratas berberiscos, hasta que en el siglo XVIII Carlos III ordenó fortificarla y la repobló con familias de pescadores genoveses rescatadas de la isla tunecina de Tabarka, de la que tomó el nombre. De aquella época quedan las murallas que rodean el caserío, declaradas conjunto histórico, y sus tres puertas monumentales: San Rafael, San Gabriel y San Miguel. Pasear entre sus casitas de colores, la iglesia de San Pedro y San Pablo asomada al mar y las callejas sin coches es viajar a otro tiempo.

La primera reserva marina de España

Las aguas que rodean la isla fueron declaradas reserva marina en los años ochenta, la primera de España, y se nota: praderas de posidonia, bancos de peces y una transparencia que quita el hipo. Por eso Tabarca es un paraíso del esnórquel. Trae tu tubo y tus gafas y dedica un buen rato a flotar sobre este acuario natural. Las calas son de roca y grava, así que unos escarpines de snorkel son casi imprescindibles para entrar y salir del agua sin sufrir.

Qué ver más allá de la playa

  • La playa principal, en el istmo que une el pueblo con el campo de la isla, de aguas someras y turquesas.
  • La torre de San José, antigua torre de defensa que después fue prisión, en la parte deshabitada del islote.
  • El faro del siglo XIX, al que se llega con un paseo llano entre matorral mediterráneo y calas solitarias.
  • El pequeño museo Nueva Tabarca, para entender la historia y el ecosistema de la isla.

La vuelta completa a la isla se hace en poco más de una hora y no hay ni un árbol: aquí el sol no perdona. Embadúrnate bien de crema solar de factor 50 —mejor si es respetuosa con el medio marino— y protégete los ojos con unas gafas de sol polarizadas: el reflejo del mar y la piedra clara deslumbran de lo lindo.

El caldero, el rey de la mesa

Comer en Tabarca tiene nombre propio: el caldero tabarquino, un guiso marinero de pescado de roca con arroz meloso que los restaurantes del pueblo preparan mirando al mar. Pide también pulpo seco y pescado fresquísimo de la lonja. Eso sí: en verano conviene reservar mesa en cuanto desembarques, porque las plazas vuelan.

Cómo llegar y consejos

  1. Salen barcos regulares desde Santa Pola (el trayecto más corto, unos 30 minutos), Alicante y, en temporada, otros puntos de la costa.
  2. Madruga: los primeros barcos te regalan la isla casi vacía; a mediodía en agosto el ambiente es mucho más bullicioso.
  3. Lleva agua y efectivo por si acaso; los servicios en la isla son limitados.
  4. Fuera de temporada la isla se queda casi desierta y muestra su cara más auténtica: una delicia para los amantes de la calma.

Reúne a tu cuadrilla, embarca temprano y déjate llevar: entre baños en aguas cristalinas, murallas con historia y un caldero humeante, Tabarca es un día perfecto con sabor a sal.

Foto: Jose A. · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons