Pocas escapadas juntan tantos ingredientes como Santa Pau: una villa medieval perfectamente conservada, un mar de volcanes dormidos a su alrededor y una legumbre con nombre propio. Estamos en plena Zona Volcánica de la Garrotxa, en la provincia de Girona, y este pueblo es la mejor base para descubrirla.
La villa vieja: castillo, porches y piedra volcánica
El casco antiguo de Santa Pau, declarado conjunto histórico-artístico, se enrosca alrededor del castillo de los barones de Santa Pau, señores que dieron nombre y forma a la villa a partir del siglo XIII. El corazón es el Firal dels Bous, la plaza porticada de planta irregular donde se celebraban las ferias de ganado, con sus arcos desiguales y la iglesia gótica de Santa Maria cerrando la escena. Callejea sin rumbo: pasadizos, balcones de madera cargados de flores y muros levantados con piedra volcánica oscura que recuerdan dónde estás.
Entre cráteres: Santa Margarida, Croscat y la Fageda
Desde el propio municipio salen algunos de los itinerarios más famosos del parque natural, señalizados y aptos para casi todo el mundo:
- El volcán de Santa Margarida, cuyo cráter cubierto de prados esconde una ermita románica en el centro. Bajar al fondo del cráter es una experiencia única en la península.
- El volcán del Croscat, el más joven de la zona, con las antiguas extracciones de greda que dejan a la vista sus entrañas rojizas en capas, como una tarta gigante.
- La Fageda d'en Jordà, el hayedo que crece sobre una colada de lava y que inmortalizó el poeta Joan Maragall; en otoño es un espectáculo de cobres y dorados.
La ruta clásica encadena los tres puntos en un circuito de unas tres o cuatro horas. Los caminos de greda volcánica agradecen un buen calzado de senderismo, y para llevar agua, algo de fruta y el chubasquero —aquí el clima cambia rápido— basta una mochila de día cómoda.
Los fesols de Santa Pau, la joya de la mesa
Si algo ha dado fama gastronómica al pueblo son los fesols de Santa Pau, unas alubias pequeñas, finísimas y mantecosas que se cultivan en las tierras volcánicas del entorno, cuya fertilidad les da un sabor único. Se sirven de mil maneras: salteados con butifarra, acompañando embutidos de la Garrotxa o como base de la cocina volcánica, el movimiento gastronómico de la comarca. En invierno el pueblo celebra su tradicional feria dedicada a esta legumbre. No te vayas sin probarlos, y deja hueco para las coques y quesos artesanos de la zona.
Cuándo ir
La Garrotxa es bonita todo el año, pero el otoño, con la Fageda encendida, y la primavera, con los cráteres verdes, se llevan la palma. En verano conviene madrugar para caminar con fresco, y en invierno la niebla baja regala estampas casi mágicas sobre los prados volcánicos.
Cómo llegar y consejos
Santa Pau está a unos diez minutos en coche de Olot, la capital comarcal, y a una media hora de Girona por la carretera de Banyoles. Los aparcamientos de acceso a las rutas (como el de Santa Margarida) son de pago y se llenan pronto los fines de semana, así que madruga. Otra opción con encanto es recorrer parte del parque en las rutas guiadas a pie o incluso en coche de caballos que salen del entorno de la Fageda.
Volcanes que se pisan, un pueblo medieval de postal y unas alubias legendarias: Santa Pau es de esas escapadas que saben a poco. Vendrás por los cráteres y volverás por los fesols.
Foto: friviere · CC BY-SA 2.5 · Wikimedia Commons