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Ruta por Senegal: Gorea, Saint-Louis y el Sine-Saloum

Pirogas de pescadores de colores en la costa de Senegal al atardecer

Dicen que Senegal es la puerta amable de África Occidental, y cuesta discutirlo: francés y wólof mezclados en el mercado, ritmo de sabar en cualquier esquina y esa teranga (hospitalidad) que aquí es casi religión. Te proponemos una ruta de unos siete u ocho días que une la energía de Dakar, el pasado colonial de Saint-Louis y los manglares infinitos del delta del Saloum. Y todo ello con apenas cuatro horas de vuelo más que un salto a Canarias.

Dakar y la isla de Gorea: el arranque

Dakar es ruidosa, salada y adictiva. Merece al menos un día completo: el mercado de Kermel bajo su estructura circular, los talleres de sastres en Medina, el paseo de la Corniche con los surfistas abajo y el atardecer en la punta de Les Almadies, el extremo más occidental del continente africano.

Desde el puerto sale el ferry a la isla de Gorea, apenas veinte minutos de travesía y un cambio de mundo: no hay coches, solo callejones de buganvillas, casas ocres y el peso histórico de la Casa de los Esclavos. Es una visita dura y necesaria, que conviene hacer con calma y a primera hora, antes de que llegue el grueso de visitantes. Después, un baño en la playita central y un plato de pescado a la brasa ponen el contrapunto.

El Lago Rosa y la costa norte

A una hora de la capital, el Lac Retba tiñe sus aguas de rosa cuando el sol pega fuerte y la sal se concentra. Verás a los recolectores metidos hasta la cintura, con el cuerpo embadurnado de manteca de karité para protegerse. El sol aquí no perdona: lleva de casa una crema solar 50 resistente al agua y un sombrero de ala ancha, porque la sombra es un bien escaso en toda la ruta.

Saint-Louis, la vieja dama del río

Cuatro o cinco horas al norte, Saint-Louis se levanta sobre una isla del río Senegal, unida a tierra por el célebre puente metálico de Faidherbe. Fue capital del África Occidental francesa y todavía huele a ello: balcones de madera desconchados, patios interiores, fachadas pastel y un aire melancólico que le ha valido ser Patrimonio de la Humanidad.

  • Barrio de la Langue de Barbarie: la lengua de arena donde viven los pescadores wólof. Al mediodía llegan las pirogas pintadas y la playa se convierte en una lonja a cielo abierto.
  • Parque Nacional de Djoudj: a una hora, uno de los mayores santuarios de aves del planeta. Pelícanos, flamencos y millones de migradoras que llegan huyendo del invierno europeo. Un paseo en barca al amanecer es inolvidable; con unos prismáticos compactos para observación de aves multiplicas la experiencia.
  • Atardeceres: súbete a cualquier terraza del casco antiguo con un bissap (infusión de hibisco) bien frío.

El delta del Sine-Saloum: manglares y silencio

Al sur de Dakar se abre el otro gran tesoro del país: un laberinto de brazos de agua, islas de conchas y bosques de manglar donde los pueblos serer viven de la pesca y del marisqueo. Ndangane, Palmarin o Toubacouta son buenas bases para dormir en campamentos sencillos junto al agua.

Aquí el plan es navegar: salir en piroga entre los canales, ver pasar martines pescadores y garzas, desembarcar en la isla de los Pájaros o en la de las Conchas y comer ostras de manglar recién abiertas. También se puede recorrer el delta en kayak o a caballo por las salinas de Palmarin, donde al atardecer aparecen hienas y chacales a lo lejos.

Qué comer: el mejor arroz de África

La gastronomía senegalesa es de las más ricas del continente y se come en plato común, con la mano derecha o con cuchara si eres invitado despistado.

  1. Thieboudienne: el plato nacional. Arroz cocinado en salsa de tomate con pescado, yuca, zanahoria y tamarindo.
  2. Yassa: pollo o pescado con una montaña de cebolla confitada y limón.
  3. Mafé: guiso de carne con salsa de cacahuete, dulce y contundente.
  4. Café Touba: café especiado con pimienta de Guinea que venden en la calle en vasitos.

Cuándo ir y consejos prácticos

La mejor ventana va del final de las lluvias al comienzo de la primavera: días secos, noches templadas y el delta en su momento más verde antes de que el paisaje se agoste. En otoño encontrarás además las aves migratorias recién llegadas.

  • Se conduce por la derecha y hay buses y taxis colectivos (sept-places), pero para el delta merece la pena contratar transporte con conductor local.
  • Los enchufes son como los españoles, así que no necesitas adaptador; sí viene bien una batería externa para móvil, porque los campamentos a veces funcionan con generador.
  • Consulta la profilaxis antipalúdica con tu centro de vacunación internacional y no escatimes en un buen repelente de mosquitos tropical: en los manglares se agradece.
  • Lleva ropa ligera y respetuosa, algo de efectivo en francos CFA y paciencia: aquí el tiempo se mide en conversaciones.

Senegal se viaja despacio, entre tazas de té y ferries que salen cuando salen. Si buscas una primera vez en África sin grandes complicaciones, pero con paisajes, historia y comida de las que se recuerdan años, ya sabes por dónde empezar.