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Ruta en 4x4 por Omán: wadis, dunas y fortalezas

Cañón con pozas de agua turquesa entre montañas rocosas en Omán

Hay un país en la península arábiga donde las carreteras están impecables, nadie te mete prisa y en menos de una hora pasas de un cañón con pozas color turquesa a un mar de dunas naranjas. Omán es el vecino silencioso de los rascacielos del Golfo: aquí no hay islas artificiales, sino fortalezas de barro, palmerales, cabras en la cuneta y un sentido de la hospitalidad que te dejará con la boca abierta. Te proponemos recorrerlo en 4x4, a tu ritmo.

Mascate, un arranque tranquilo

La capital sorprende por lo baja: casi ningún edificio pasa de unas pocas alturas y todo es blanco y ocre. Dedícale un par de días antes de coger el coche.

  • La Gran Mezquita del Sultán Qaboos, con su alfombra persa gigantesca y sus lámparas de cristal; se visita por la mañana y con hombros y rodillas cubiertos (las mujeres, también con pañuelo en la cabeza).
  • El zoco de Mutrah, un laberinto de callejones con incienso, dagas khanjar y pashminas. Regatear forma parte del juego, siempre con una sonrisa.
  • El paseo marítimo de Mutrah al atardecer, cuando las montañas peladas se tiñen de rosa y los dhows de madera vuelven al puerto.

Los wadis: el gran secreto omaní

Los wadis son cañones tallados por el agua donde quedan pozas permanentes entre paredes de roca. Son el mejor plan del viaje y la mayoría exigen caminar un rato metiendo los pies en el agua.

  • Wadi Shab: se cruza en barca durante un minuto y después toca andar entre bloques de piedra hasta unas pozas encajonadas.
  • Wadi Bani Khalid: el más accesible y familiar, con una gran piscina natural junto al aparcamiento y un cañón estrecho aguas arriba.
  • Wadi Tiwi y Wadi Dayqah: palmerales, plantaciones de plátanos y aldeas colgadas de la ladera.

Para caminar dentro del agua sobre cantos rodados resbaladizos, lo mejor son unas sandalias de trekking para agua: las chanclas se van con la corriente y las botas se quedan empapadas todo el día. Añade una crema solar de alta protección resistente al agua, porque el sol rebota en la roca clara y se nota.

Nizwa, Jebel Akhdar y las fortalezas de barro

Tierra adentro empieza el Omán histórico. Nizwa fue capital del país y conserva un fuerte con una torre circular enorme y un zoco donde se venden dátiles, cerámica y cabras. A un paso están los castillos de Bahla y Jabrin, este último con techos de madera pintada preciosos, y las aldeas abandonadas de adobe de Al Hamra y Misfat al Abriyeen, esta última todavía habitada y regada por canales falaj centenarios.

Desde ahí se sube al Jebel Akhdar, la "montaña verde", donde a 2.000 metros crecen granados y rosas en terrazas, y al Jebel Shams, con su balcón sobre el cañón más profundo de Arabia. Arriba refresca de verdad al caer el sol, así que mete un forro polar en la mochila.

Dormir en las dunas de Wahiba

El desierto de Wahiba Sands es la noche que recordarás. Los campamentos beduinos se reparten entre las dunas y se llega con 4x4 y las ruedas algo desinfladas (o dejando el coche en el asfalto y subiendo con un traslado). Merece la pena caminar hasta la cresta más alta para ver la puesta de sol y quedarse después mirando un cielo sin una sola luz alrededor. Si duermes al raso, un saco de dormir ligero te salvará de la sorpresa: en el desierto la madrugada es fría incluso después de un día abrasador.

Cuándo ir y consejos prácticos

  • Temporada: de finales de otoño a primavera. Ahora, a comienzos de septiembre, el calor sigue siendo muy fuerte; a partir de octubre y hasta abril el clima es ideal.
  • Conducir: las carreteras principales son excelentes y la señalización está en inglés. El 4x4 solo es imprescindible para el desierto y algunas pistas de montaña; conviene circular con precaución al anochecer por los animales sueltos.
  • Ropa: hombros y rodillas cubiertos fuera de las playas de hotel, tanto ellos como ellas. Un pañuelo grande sirve para mezquitas, sol y aire acondicionado.
  • Enchufes: son de tipo británico, así que necesitarás un adaptador de enchufe universal.
  • Comer: prueba el shuwa (cordero cocinado horas bajo tierra), el arroz majboos, el pan fino recién hecho con queso y miel del desayuno y los dátiles con café de cardamomo que te ofrecerán en cualquier casa.

Omán es de esos destinos que se disfrutan sin colas, sin agobios y con la sensación de haber llegado antes que nadie. Si te apetece un viaje por carretera distinto, con montaña, desierto y playa en dos semanas, coge el volante: Arabia te espera con un café y un dátil en la mano.