Hay pueblos con playa y pueblos con monumento; Zumaia tiene un fenómeno geológico de fama mundial. En la desembocadura del Urola, esta villa guipuzcoana es la capital del flysch, kilómetros de acantilados formados por miles de capas de roca que registran, estrato a estrato, más de sesenta millones de años de historia de la Tierra. Caminar bajo ellos con la marea baja es lo más parecido a hojear un libro escrito por el planeta.
Itzurun, la playa entre acantilados
La postal de Zumaia es la playa de Itzurun, encajada entre paredones verticales de flysch coronados por la ermita de San Telmo, el pequeño templo blanco asomado al abismo que protege a los marinos. Sus arenas y sus acantilados han aparecido en películas y series de éxito, y no es casualidad: el escenario es sencillamente irreal. Con la bajamar, el mar descubre la rasa mareal, una plataforma rocosa surcada por las líneas del flysch que puedes recorrer a pie entre charcos llenos de vida. Para caminar por las rocas mojadas y darte un baño sin sustos, unos escarpines son el mejor aliado: la piedra resbala y las lapas no perdonan.
El Geoparque de la Costa Vasca
Zumaia forma, junto a Deba y Mutriku, el Geoparque de la Costa Vasca, reconocido por la Unesco. El centro de interpretación Algorri, en el propio pueblo, explica de forma muy amena por qué estos acantilados atraen a geólogos de todo el mundo: aquí se lee incluso la delgada capa negra que marca el impacto del meteorito que acabó con los dinosaurios. Hay rutas guiadas a pie por la rasa y salidas en barco que muestran el flysch desde el mar, la manera más espectacular de abarcar su escala. Consulta siempre el horario de mareas antes de planificar el día: manda el mar, no el reloj.
Un casco histórico que no esperabas
Entre tanto acantilado es fácil olvidar que Zumaia tiene un casco antiguo delicioso, apiñado en torno a la iglesia de San Pedro, un templo gótico con aspecto de fortaleza que guarda un notable retablo flamenco. Callejea por sus cantones, asómate al puerto deportivo de la ría y acércate al Espacio Ignacio Zuloaga, la antigua ermita junto a la playa de Santiago donde el pintor eibarrés tuvo su casa-taller y que hoy expone parte de su legado. La otra playa del pueblo, Santiago, es más tranquila y familiar, con dunas y la ría a un costado.
Rutas para estirar las piernas
Por Zumaia pasa el Camino de Santiago del Norte, y el tramo costero hacia Deba, por lo alto de los acantilados, es una de las caminatas más impresionantes de Euskadi: prados colgados sobre el mar, caseríos y el flysch siempre a la vista. No hace falta ser montañero, pero sí llevar agua, algo de abrigo y una mochila urbana impermeable donde quepa todo, porque el tiempo cambia sin avisar sobre el Cantábrico. Y guarda batería en la cámara de fotos: cada revuelta del sendero es un mirador nuevo.
Cuándo ir y cómo organizarse
Zumaia está bien comunicada por carretera y por el tren de cercanías que recorre la costa guipuzcoana. La primavera y el otoño regalan luz limpia y menos gente; en verano, playa y ambiente; en invierno, los temporales rompiendo contra el flysch son un espectáculo sobrecogedor que se contempla, con prudencia, desde lo alto. Sea cual sea la época, organiza la visita alrededor de la marea baja para pisar la rasa: es la experiencia que hace única esta escapada.
Pocos lugares permiten tocar con la mano millones de años de historia del planeta y rematar el día con pintxos junto a una ría. Zumaia lo hace posible: ven, mira el reloj de las mareas y déjate asombrar.
Foto: Simoncio · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons