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Qué ver en Tossa de Mar y su Vila Vella amurallada

Vista panorámica de Tossa de Mar con las murallas y torres de la Vila Vella junto a la playa

Hay pocas estampas tan reconocibles en la Costa Brava como las torres de Tossa de Mar recortadas sobre el azul del Mediterráneo. Este pueblo de la Selva, en la provincia de Girona, presume de algo único: la Vila Vella, el último recinto medieval fortificado que queda en pie junto al mar en toda la costa catalana. Te proponemos una escapada para perderte entre murallas, calas de agua transparente y callejones con siglos de historia.

La Vila Vella, un castillo asomado al mar

La visita empieza, sí o sí, por el recinto amurallado que corona la punta sur de la playa Gran. Sus murallas, levantadas entre los siglos XII y XIV, conservan las torres cilíndricas almenadas que se han convertido en el emblema del pueblo, como la Torre de les Hores, la Torre d'en Joanàs y la del Codolar. Dentro te espera un laberinto de callejuelas empedradas, casitas encaladas con buganvillas y rincones que parecen detenidos en el tiempo.

Sube hasta lo alto del promontorio, donde se alza el faro y las ruinas de la antigua iglesia gótica de Sant Vicenç: el mirador sobre la bahía es de los que se quedan grabados. En el camino encontrarás la estatua dedicada a Ava Gardner, que rodó aquí una película en los años cincuenta y puso a Tossa en el mapa internacional. Décadas antes, el pintor Marc Chagall ya había bautizado el pueblo como su paraíso azul; el Museu Municipal, dentro del recinto, guarda el recuerdo de aquella colonia de artistas.

Playas, calas y camino de ronda

La playa Gran, con la muralla de telón de fondo, es la más fotogénica, pero merece la pena explorar más allá:

  • Es Codolar, una caleta diminuta escondida a los pies de la Vila Vella, con ambiente de antiguo barrio de pescadores.
  • Cala Bona y cala Pola, al norte, rodeadas de pinos y perfectas para el esnórquel.
  • El camino de ronda hacia Lloret, un sendero sobre acantilados con vistas espectaculares.

Muchas de estas calas son de roca y canto rodado, así que unos escarpines te salvarán los pies al entrar al agua. Y si te gusta inmortalizar paisajes, la luz de primera hora sobre las murallas justifica llevar una cámara compacta de viaje en la mochila.

Sabor marinero: el cim i tomba

Tossa fue durante siglos pueblo de pescadores, y su plato más famoso lo demuestra: el cim i tomba, un guiso humilde de pescado con patatas y alioli que preparaban los marineros a bordo. Lo encontrarás en muchas cartas del pueblo, junto a arroces, suquets y pescado de lonja. Para rematar, un paseo por la Vila Nova, la parte moderna del pueblo, con sus terrazas y comercios.

Cuándo ir y cómo llegar

En julio y agosto el pueblo hierve de ambiente, pero si buscas tranquilidad te recomendamos mayo, junio, septiembre u octubre: el mar sigue apetecible y las callejuelas se disfrutan sin prisas. En invierno, la Vila Vella casi en solitario tiene un encanto especial.

Tossa está a poco más de una hora en coche de Barcelona y a unos 40 minutos de Girona. La carretera de acceso desde Sant Feliu de Guíxols es una de las más panorámicas de la costa catalana, todo curvas entre pinos y calas. También llegan autobuses regulares desde Barcelona, Girona y Lloret de Mar. En verano conviene madrugar para aparcar: hay estacionamientos en la entrada del pueblo. Si quieres exprimir la zona, una guía de la Costa Brava te dará mil ideas para completar la ruta.

Murallas medievales, calas turquesas y un guiso de pescadores: Tossa de Mar lo tiene todo para una escapada redonda. Solo falta que le pongas fecha.

Foto: Jorge Franganillo · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons